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Covid 19 y el sentido común

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Antonio Sánchez González.

La opinión pública tiene sus razones que la razón médica ignora. Con unas preocupantes cifras, los ciudadanos de diversos países expresan su desconfianza en las vacunas contra el nuevo coronavirus; por ejemplo, el 71% de los franceses no confían en la vacuna de AstraZeneca, según una encuesta publicada la semana pasada en el país de Pasteur.

En Gran Bretaña, donde más de 18 millones de personas recibieron una inyección de AstraZeneca, su agencia de medicamentos ha registrado siete muertes entre un grupo de 30 casos raros de formación de coágulos sanguíneos, una proporción infinitesimal. Según los cálculos de diversos estudios científicos sobre el tema, una persona mayor de 65 años tiene un riesgo de 1 de cada 110 de morir a causa de Covid-19, mil veces la probabilidad de trombosis vinculada a la vacuna anglo-sueca. Las dudas no tienen cabida.

Cuando los médicos tratamos de hacer estos análisis costo-beneficio no logramos convencer a nuestros pacientes. Los adultos somos resistentes al cálculo de probabilidades. En la vida cotidiana, sin embargo, seguimos evaluando nuestras posibilidades y haciendo apuestas: esperamos ganar la lotería, nos aseguramos de los riesgos de incendio de su casa. Alguien podrá decir que esto es diferente: la salud está en juego, seguramente. Pero ¿por qué poner tanto énfasis en los accidentes aéreos, donde el número de víctimas mortales es casi inexistente, cuando hay poca preocupación por las docenas de miles de muertes en las carreteras cada año?

Para explicar estas diferencias en el tratamiento desafiando la lógica, se invocan “sesgos cognitivos”. Nuestras historias individuales nos empujan a interpretar fenómenos más que a entenderlos realmente, como lo haría un robot. Los “sesgos cognitivos” son una debilidad: malinterpretamos lo que se nos explica, y como no sabemos contar bien entonces perdemos de vista las órdenes de magnitud: que el riesgo de trombosis es estadísticamente mucho menor que la probabilidad de sucumbir al coronavirus. Humanos demasiado-humanos.

La encuesta internacional Pisa de la OCDE sobre las habilidades matemáticas y de lectura de los estudiantes de 15 años es famosa. Sin embargo, la OCDE está llevando a cabo un estudio similar sobre las habilidades básicas para adultos (cálculo y comprensión lectora) que conduce a un ranking internacional. A propósito, Dirk Van Damme, asesor principal de la OCDE, dice “países con habilidades elevadas, como Corea, Japón, Finlandia, Los Países Bajos, Nueva Zelanda y Australia, parecen haber respondido relativamente bien a la primera ola de infección por Covid, mientras que otros, como México, Italia, España o Estados Unidos -que tienen un desempeño pobre en este nuevo ranking de habilidades- han tenido un desempeño menos bueno”.

Así, por ejemplo, las personas de 21 a 65 años que no han superado un nivel de educación secundaria tienen el doble de alto riesgo de morir si se infectan de de Covid19, independientemente de las condiciones de trabajo y la morbilidad.

Está claro que existe correlación entre la formación general con la exposición a la epidemia. En otras palabras, las capacidades computacionales y de lectura permiten decodificar mejor las instrucciones de protección proporcionadas por los gobiernos. Por ejemplo, para comprender el significado de la difusión exponencial: una persona infectada contamina a otras 3 por día, para un total de 243 después de cinco días, etc. Entendido esto, sería más fácil adoptar un “comportamiento responsable”.

La desconfianza hacia la vacuna AstraZeneca es preocupante para los programas de vacunación en el mundo. Desafortunadamente, los zigzags de algunos gobiernos en su política de comunicación no han hecho nada para mejorar la gestión de la epidemia.

El sentido común es lo más común del mundo, según decía Descartes. No estoy tan seguro.

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