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25 de octubre

25 de octubre

Consumación

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Sigifredo Noriega Barceló.

En estos días se cumplen doscientos años de la Consumación de la Independencia de México. ¿Qué queda hasta nuestros días? El acontecimiento me hace pensar que el tiempo es igual que el agua: fluye, se va, ya no vuelve a ser el mismo… Lo que podría consolarnos al terminar este mes es que algún fruto ha de haber quedado. Si el agua deja la humedad que hará que las semillas germinen y después fructifiquen ¿a qué nos compromete este acontecimiento?

Cuando un evento es significativo por su profundidad y trascendencia hablamos de acontecimiento. Pensamientos, deseos, planes, inicios, gritos… mañanas y ‘mañaneras’ han sido parte del mes que termina, ¿han aportado algo al presente del futuro? El tiempo pone su marco y la persona trabaja y busca ir más allá de lo que sucede; es la manera de construirse y contribuir al desarrollo de la comunidad de la que somos parte. La vida es un regalo personal que hay que abrir cada día para compartir y ponerlo al servicio de los demás. La vida buena exige salir de sí para poder trascender.

Hoy Jesús, alude a situaciones y comportamientos que pueden contribuir a edificar o destruir a personas y comunidades: la exclusión, el escándalo, la generosidad. “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”, es la tentación del rechazo, la intolerancia, del sentirse superiores a los demás… “Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría…” delata la maldad profunda de quien abusa y pisotea a los débiles… “Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua…”, expresa que los gestos de generosidad nunca son insignificantes.

Aceptar la invitación a ver más allá del propio pellejo, superar la tentación de la soberbia y del provecho egoísta es fundamental en la construcción de una comunidad. Combatir el mal, trabajar por la justicia, ser generosos, no ser ocasión de escándalo… deben ser tarea diaria del discípulo de Cristo. La tentación de creer que tenemos la exclusiva en el ‘uso’ del nombre de Jesús y la posibilidad de que el escándalo destruya los lazos fraternos que tejen la vida comunitaria son realidades que tenemos que atender.

Para superar la tentación es necesario activar la disponibilidad, la solidaridad y la responsabilidad social. Hacer alianzas para trabajar en proyectos comunes con personas que piensan diferente y el sumo respeto a los pequeños deben ser distintivos de quien trabaja por el Reino de Dios. Hacer el bien es un evangelio universal que nos puede hermanar con todos. La consumación de nuestras libertades tiene aquí su punto de llegada y de partida.

Esperamos que la Consumación de la Independencia sea acontecimiento existencial y comunitario porque ha contribuido para unir intenciones y esfuerzos en la construcción de un tejido social más sano, en paz, libre, solidario, justo, alegre.

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