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27 de noviembre

Imagen Zacatecas edición del 27 de noviembre de 2021

Con… Ciencia – Religión… (III)

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Opinión.

Para los habitantes de la Prehistoria fue determinante la influencia que ejercía el medio ambiente y su variación con respecto al área geográfica. Las fuerzas de la naturaleza, ante los ojos de admiración de nuestros antepasados se convirtieron en objetos de respeto y veneración.

De esa manera ocurrió que los habitantes de la Prehistoria atribuyeron un lugar sagrado a las manifestaciones de su entorno natural (lluvia, sol, frío, día, calor, tormentas eléctricas, sismos, noche) y surgieron ritos y ceremonias de adaptación, sobre todo en torno a la pesca y la cacería, en las que se pedía por el bienestar de todos los integrantes de la comunidad.

La ecología de la religión se encarga de estudiar la relación espiritual entre el ser humano y la naturaleza, toma como punto de partida el hecho de que las leyes de la naturaleza fueron en un inicio las que guiaron la convivencia entre las sociedades de la Prehistoria, dando lugar de esta manera a las primeras ideas religiosas en la mente humana.

Fue así que los humanos tuvimos la necesidad de creer en un ser trascendente que brindara significado y esperanza a nuestra existencia en el vasto y desconocido universo. Las personas ubicamos el carácter religioso más allá de los límites del alcance de nuestro razonamiento y percepción de la realidad. Según su experiencia, diferentes culturas atribuyen distinta percepción de la divinidad, pero la conciencia y la necesidad de alabar a una divinidad, parecer ser un fenómeno innato del ser humano.

No existe una explicación adecuada para el origen de la religión, de dónde proviene nuestro deseo de conocer y entender a Dios. A pesar de que este sea un sentimiento muy propio de la humanidad, nadie ha podido demostrar los orígenes de la experiencia religiosa.
Hasta ahora todo indica que cuando un humano cree en Dios, con ello se propicia el amor puro, la práctica de valores, el buen comportamiento y el ayudar a los demás (en teoría). El problema está en que, de existir un Dios, parece ser que a él no le interesa que lo conozcamos muy bien del todo, tal vez para no tentar nuestro desmedido orgullo humano.

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