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Ricardo González.

En pocos momentos he escrito sobre miembros o sucesos familiares, pero el presente texto será una excepción y una celebración, mi tía Graciela González Flores mejor conocida como Cholula ha pasado a mejor vida.

Una edad un poco promedio podrán pensar estimados lectore/as, habrá que añadirle que Cholula era una persona discapacitada desde la temprana edad de quince años, cuando un problema en la columna la llevó a ser intervenida varias veces en la Ciudad de México.

Tales operaciones le impidieron crecer al tamaño de sus hermanas; -quien nos conoce sabe que las mujeres en mi familia tienen una altura superior al promedio.

Mi abuelo no dejó atrás a su hija, pensando en una forma para que ella tuviera un sustento propio le ayudó con la instalación de un estanquillo en la plaza principal de Jalpa.

Vendía dulces, malteadas, refrescos y demás golosinas, además gracias a su inteligencia se convirtió en el lugar para dejar recados y avisos personales, tanto que algunos le cambiaron el nombre de “Florecita” por “El Confesionario” a manera de chascarrillo.

A lo largo de su vida Cholula pasó algunos otros problemas de salud como un cáncer y una terapia de acupuntura mal hecha, sobreviviendo por su entereza y ganas de vivir.

La muerte de mi abuelo en 1968 dejó la familia en manos de dos de mis tías: Vivi (Virginia) y Cholula, había otra hermana más grande que ya se encontraba en el convento en la capital.

Ambas tías fueron junto con mi abuelita el sustento y soporte del resto de la familia. Las condiciones económicas en Jalpa eran complicadas, por lo que decidieron irse a trabajar dentro de la entonces compañía local en vías de expansión “Línea Verde” a Guadalajara.

Así, poco a poco toda la familia se fue mudando, siempre como base las tías Vivi y Cholula.

Con los años mi tía decidió volver a vivir en Jalpa, construyó un departamento con todo a su tamaño, pequeño pero con todo lo necesario para vivir.

En la casa pocas veces hemos sido conscientes de que mi tía Cholula tiene una discapacidad y que a pesar de ella salió adelante, y la familia con ella.

Ahora –aunque no de la mejor forma- hay leyes y asociaciones que buscan hacer de nuestra sociedad una sociedad más justa e igual, hace más de sesenta años la mentalidad de Jalpa no era como la de ahora.

Mi abuelo y la tenacidad e inteligencia de mi tía Cholula la hicieron no darse por vencida. Trabajar y trabajar: vendiendo, bordando, cosiendo.

Ahora descansa en la vida eterna, dejando un enorme vacío en todos nosotros. Estoy seguro que desde  allá seguirá cuidándonos.

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