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27 de septiembre

27 de septiembre

Caminito de la escuela

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Antonio Sánchez González.

A días del supuesto inicio del año escolar, ante la variante Delta que es altamente contagiosa y circula intensamente entre niños y adolescentes, es indispensable y obligada una acción firme para proteger su salud en las escuelas.

La variante Delta se está extendiendo actualmente a gran velocidad entre los más jóvenes del mundo. En Francia, en la víspera de las vacaciones, la tasa de incidencia en las escuelas ya era muy superior a la de los adultos, incluso entre los niños de 3 a 5 años. En ese país, donde si se hacen pruebas en niños y sus contactos, para el 2 de agosto, después de las aglomeraciones del verano, la tasa de incidencia entre los infantes de 0 a 9 años ya era muy alta, por encima de 200 por cada 100000 en tres regiones, mientras que su tasa de positividad es el doble que la de la población general.

En el Reino Unido, se ha extendido principalmente entre los niños: más de un millón de alumnos han estado ausentes de los salones en el último mes de clases. En Estados Unidos, solo la semana pasada se reportaron 121000 casos de niños y adolescentes.

Contra lo afirmado por el personaje que se supone maneja la epidemia en nuestro país, la tasa de hospitalización de los niños de 0 a 19 años está aumentando en los países donde la variante Delta es predominante, como se supone que ocurre en el nuestro. En los Estados Unidos, hasta el 1.9% de los niños que dan positivo son hospitalizados en algunos estados: en Georgia, hoy, 7 de cada 100000 niños. En Francia, durante el año pasado, el 1.2 % de los niños de 0 a 9 años que dieron positivo fueron hospitalizados y el número de internamientos es ahora el doble que el año pasado al mismo tiempo, el de los jóvenes de 10 a 19 años, cuatro veces más.

El Covid-19 también puede provocar complicaciones a mediano plazo. Según la literatura científica y los datos del gobierno del Reino Unido, entre el 2% y el 8% de los niños infectados tienen síntomas persistentes. Además, las secuelas a largo plazo o las complicaciones de la enfermedad, cuyo alcance todavía no se conoce bien, no se conocen suficientemente para ser tratadas. Finalmente, si bien las muertes de niños infectados por coronavirus siguen siendo muy raras, existen y son tragedias cuyo número podría aumentar con una mayor circulación viral.

En Estados Unidos, Canadá, India, Reino Unido, Italia, España… los pediatras y las sociedades médicas piden una mayor protección para los niños menores de 12 años. Las alertas se multiplican por todo el mundo basadas en números, cosa que no sucede en México.

Entonces, ¿los niños no deben regresar a las escuelas? Por supuesto que sí, los niños en la mayor parte del mundo están en las escuelas, pero con protocolos absolutamente claros y comprendidos por profesores, padres de familia y, por supuesto, por los niños: en México hace mucho que es necesario, sin más dilación, definir las medidas preventivas y cuidados, su nivel territorial de aplicación, los indicadores epidemiológicos (basados en la ciencia y no en el contentillo de nadie), así como los umbrales que desencadenen la transición de un nivel a otro.

Pero, en un país en el que no se han dictado medidas sanitarias claras ni siquiera para la operación de las cantinas, por supuesto que no cabía esperar que las hubiera para garantizar la convivencia saludable de los niños y maestros en las escuelas. Todos sabíamos que el nuestro era un país en el que las enfermedades crónicas asociadas a la mortalidad de los enfermos por coronavirus del mismo modo que sabemos que muchas escuelas no tienen agua para que los niños en ellas se laven las manos y que será rara la escuela que pueda adquirir detectores de bióxido de carbono. Los protocolos para enfrentar la epidemia deben asumir esas realidades: esas carencias no deben ser el pretexto para no redactar y asumir esos protocolos destinados a garantizarnos salud y sobrevivencia. Y deben ser protocolos redactados con la opinión de los científicos, o ¿usted convocaría a un comité que defina medidas para enfrentar a la epidemia en las escuelas a empresarios vendedores de los cuadernos, los lápices y las cartulinas -por más que sus negocios estén afectados por la pandemia- y no a pediatras y pedagogos?

En México, después de dieciocho meses de pandemia, las escuelas no deben seguir siendo el talón de Aquiles de la estrategia sanitaria. Nuestros hijos ya han pagado un alto precio durante esta crisis, así que protejamos ahora su escolarización y su salud de los riesgos evitables.

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