Zacatecas debe cambiar de marcha

Antonio Sánchez González.
Antonio Sánchez González.

Nuestro estado todavía carece estructuralmente de aliento; cimentar el crecimiento es más que nunca una necesidad.

El clima económico, tanto como el meteorológico, también es impredecible. Los augurios predecían un enfriamiento en el crecimiento de la economía zacatecana en el segundo trimestre de 2023, pero no sucedió. Varios puntos de crecimiento del PIB: este inesperado desempeño ha puesto eufóricos a varios funcionarios de nuestro gobierno, quienes, en su defensa, han tenido pocas oportunidades de regocijarse en los últimos meses.

Esta golondrina de primavera, impulsada por la actividad en el campo, no es un buen augurio que prediga hermosas estaciones venideras. Nuestro estado todavía carece estructuralmente de aliento; cimentar el crecimiento es más que nunca una necesidad. ¿Está decretado? No. ¿Se compra a través de gastos y obras mayores? Un poco, pero no es sostenible y la historia zacatecana reciente lo demuestra, y conduce a un poco más de deterioro de la situación financiera de un Zacatecas que hace años se está ahogando en una dependencia sofocante de las participaciones federales, previsiblemente más pequeñas e insuficientes (si es que se puede más) en el próximo ejercicio. En realidad, no hay crecimiento más mágico que el dinero que cae del cielo. La creación de riqueza se construye.

Hay tantos signos del declive de Zacatecas: las cifras de la pobreza, el creciente sentimiento de inseguridad, el número cada vez más preocupante de personas abandonadas por el sistema educativo y el de salud, el auge de la economía informal y las cifras de un nuevo incremento de flujos migratorios (los tradicionales hacia el norte y los que ahora suceden a otras regiones del país) y de las remesas que pagan el gasto corriente de casi cada hogar, y ahora, hasta un incontenible hundimiento en los indicadores de ocupación hotelera. Hace años que nuestro estado está involucrado en una especie de carrera precipitada hacia el abismo y se constituye en el eslabón más débil del norte de la república… A pesar de todo, en el ideario público se mantiene la esperanza, confiada en el futuro y en las capacidades de nuestra tierra.

El desarrollo de aprendizajes, la promoción oficial para establecer fábricas con pequeños capitales extranjeros, la reparación del sistema de pensiones, la promoción de algunos sectores económicos seleccionados para que se incorporen a la proveeduría de los monstruos mineros que sabemos que están aquí y no, permanentemente ausentes, son pasos en la dirección correcta, pero no son suficientes. Es imperativo cambiar de marcha. ¿Cómo se puede lograr esto? Atreviéndonos -nunca podrá ser dicho suficientemente- a atacar el gasto público para poder financiar recortes de impuestos locales (en particular a la producción y al empleo) y cargas para que las empresas puedan, entre otras cosas, invertir, innovar, contratar y cumplir con la justa remuneración de sus empleados de manera sostenible.

Y luego mejorar la formación, en la escuela, la universidad y, especialmente, en la educación tecnológica, pero también a lo largo de la vida, para adaptar las habilidades a un mundo en avances tecnológicos permanentes, para aumentar la productividad, que ha estado disminuyendo durante más de cinco años, y para poner a trabajar a más zacatecanos -y más mexicanos-. Al elevar la tasa de empleo al nivel de las mejores economías estatales mexicanas, pero en términos reales, nuestro estado produciría -potencialmente- millones de dólares de riqueza adicional cada año y reduciría sus déficits de dependencia hasta que desaparecieran.

Finalmente, la necesidad urgente es hacer cumplir las leyes, restablecer la seguridad, bancarizar la economía, educar y controlar los flujos migratorios. En resumen, Zacatecas necesita el plan que no tiene. La marcha económica de Zacatecas debe cambiar al son que puede tocar solamente la planta productiva local porque, evidentemente, nadie más tiene medido el ritmo de la misma.

Llevar a cabo tales reformas requiere perseverancia y al menos tanto coraje como nuestros vecinos que las implementaron. “Crecimiento, crecimiento, crecimiento” es también la prioridad.




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