¡Ah, las cosas!

“¿Para quién serán todos tus bienes”? Lucas 12,13-21 En la Jornada de Oración por la Paz, pedimos hoy por los victimarios; oremos por sus vidas y la conversión de sus corazones; tendamos la mano para recibirlos con el corazón arrepentido en la casa de Dios. Pedimos a Dios por ellos y la posibilidad de rehacer … Leer más


Sigifredo Noriega Barceló.

“¿Para quién serán todos tus bienes”?
Lucas 12,13-21

En la Jornada de Oración por la Paz, pedimos hoy por los victimarios; oremos por sus vidas y la conversión de sus corazones; tendamos la mano para recibirlos con el corazón arrepentido en la casa de Dios. Pedimos a Dios por ellos y la posibilidad de rehacer sus vidas, su familia, su misión en la sociedad. Para Dios la prioridad es la salvación de todos, no su condenación.

El domingo pasado Jesús sigue catequizando a sus discípulos. El tema: los bienes materiales y las cosas, su uso y las infaltables tentaciones. Todo comienza con una petición que parece razonablemente humana: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. La respuesta de Jesús parece, al principio, descortés y enigmática.

Muchos sueños y proyectos, tragedias y guerras se han construido en torno al dinero. La forma de conseguirlo, su uso y abuso, han ocupado amplios espacios en la vida de los seres humanos. Hemos acuñado dos sustantivos para describir la actitud negativa ante los bienes materiales: codicia y avaricia.

La búsqueda de respuestas ante las preguntas que plantea la necesidad de las cosas necesarias para la vida existe desde los inicios de la humanidad. La reflexión del sabio de la primera lectura pareciera pesimista, pero es una invitación a poner las cosas en la justa dimensión. La invitación de Pablo a “buscar los bienes de arriba donde está Cristo” es un llamado claro a dar el sentido trascendente que tiene la vida y su devenir.

La reflexión que ha hecho la Iglesia a través de los siglos ha tocado los diversos temas que interesan a los cristianos en lo que se refiere a los bienes materiales y su uso. En los últimos cien años la Doctrina Social de la Iglesia ha profundizado, desde la ética y la fe, sobre su razón de ser y el sentido para la vida personal y comunitaria.

La dinámica perversa de la acumulación de riquezas pudiera ser la actualización de la pregunta sobre la herencia a compartir que aparece en el Evangelio. La respuesta de Jesús trasciende tiempos, sistemas, aspiraciones, ambiciones, necesidades. “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”. “¡Insensato! Esta misma noche vas a morir ¿para quién serán todos tus bienes?”. “Lo mismo le pasa a quien acumula riquezas para sí mismo y no se hace rico de lo que vale ante Dios”, sigue proponiendo Jesús a quien tenga oídos, corazón y voluntad para escucharlo.

‘Tanto cuanto’, solía repetir san Ignacio de Loyola cuando le preguntaban sobre el uso de los bienes. ¿Cómo sería nuestra vida y la vida de los pueblos si aprendiéramos a discernir, ser prudentes y generosos, buscar primero el Reino de Dios y su justicia, amar mucho, compartir nuestros bienes? El único comportamiento evangélico aceptable es la generosidad/solidaridad que rompe la dinámica perversa de la acumulación insensata y egoísta. El uso correcto de los bienes es una buena contribución para construir la paz.