

Jaime Santoyo Castro.
La vox populi, antes vox dei, se encuentra amordazada, aterrada y pidiéndole al cielo que nos proteja, pero Dios no puede hacerlo todo.
Este es el grito desesperado de las familias zacatecanas y se ha convertido en la nota que destacan los espacios noticiosos y las redes. La gente se duele por cada evento en el que alguien muere o sufre lesiones en forma violenta; cuando es víctima de un secuestro, de la desaparición de alguna persona, asalto, robo, cobro de piso, amenaza, etc. Sin decirlo expresamente, todos sentimos de alguna manera en carne propia el sufrimiento de los demás, y no lo decimos, o lo hacemos en voz baja, por temor.
Es una especie de solidaridad silenciosa, invadida por el miedo y la desconfianza. La vox populi, antes vox dei, se encuentra amordazada, aterrada y pidiéndole al cielo que nos proteja, pero Dios no puede hacerlo todo. No se trata de justicia divina, sino de justicia terrenal, y esa nos toca impulsarla conjuntamente a las autoridades y actores sociales; cada quien debe tener un papel en esto.
Debemos darnos cuenta de una cosa: Los delitos y hechos ilegales, regularmente, son cometidos por algunos miembros de la sociedad afectada. Es decir, de las entrañas de la sociedad emergen quienes le generan los males que la aquejan, (como las plagas) y es ésta, la que produce los males, la que se queja y exige a la autoridad que actúe, pero cuando la autoridad actúa, se enfrenta ante la desconfianza, incomprensión, incapacidad, corrupción, impunidad, falta de recursos, y la oposición de los cercanos a los perpetradores de los delitos, que acusan a la autoridad de abuso, violación de los derechos humanos, inventar delitos, etc. ¡¡¡Vaya problema que enfrentan las autoridades!!!
¿Las autoridades? NO; ¡¡¡VAYA PROBLEMA QUE TIENE LA SOCIEDAD ENTERA!!!. No es un problema de la autoridad. Es un problema de todos, porque la paz y la tranquilidad son valores que interesan a todos, y por tanto es responsabilidad de todos y en esa virtud, todos, tenemos que resolverlo.
¿Cómo hacerlo? Vivimos en un sistema democrático, y éste no sólo se hace efectivo a la hora de votar, sino también a la hora de gobernar. La democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo, no es el gobierno de uno solo para unos cuantos. Dejar que el pueblo gobierne es permitirle que opine, que se escuche su voz y en la medida de su racionalidad, se incorporen a las acciones de gobierno. Si el Gobierno del Estado convoca a la participación social para recuperar la paz, sería un ejercicio inédito, que también serviría para darle cohesión a la difícil tarea de gobernar. Si se gobierna cerca de la gente, se gobierna bien.
Lo primero que tenemos que hacer, desde todos los ángulos y sectores, es reconocer que hemos perdido la paz y la armonía, y que las fuerzas del Estado (sin distingos políticos e ideológicos), por más esfuerzos que hagan, no sólo no han podido recuperarla, sino que cada día se ve más débil frente a la criminalidad, que pareciera que se va enseñoreando sobre territorios, municipios, regiones, sectores económicos y niveles de autoridad.
Pero no olvidemos que es mayor el número de ciudadanos que nos dedicamos a trabajar, a estudiar, a enseñar, a crear, a invertir, a generar desarrollo y por tanto somos más los que anhelamos recuperar nuestra vida armónica y ver a nuestras familias convivir en paz y felices, pero ello sólo no basta. No podemos esperar a que las autoridades hagan el trabajo.
Se requiere que sociedad y gobierno nos unamos en ese propósito. A través de la participación activa de los ciudadanos en diversos niveles, se pueden abordar problemas, construir relaciones sólidas y crear un sentido de comunidad y pertenencia. Aquí se explican algunas formas en las que la participación social puede contribuir a lograr la paz:
La participación social es un pilar crucial para lograr y mantener la paz en una sociedad. Al dar a las personas la oportunidad de expresarse y colaborar en la toma de decisiones, se crea un ambiente propicio para resolver conflictos, construir relaciones positivas y promover un cambio positivo.