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Zacatecas ¿moneda de cambio?

Zacatecas ¿moneda de cambio?

J. Luis Medina Lizalde

   |  21 diciembre, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

La senadora Geovanna  Bañuelos llegó puntual a la cita: el presidente nacional de Morena tardó unos minutos; la primera de los siete convocados, (cuatro de los 5 que se registraron en tiempo y forma). La primera en hacer uso de la palabra fue la senadora Bañuelos que manifestó su gratitud por haber ser incluida en la encuesta de Morena para la gubernatura de Zacatecas, pero aseguró que ella además de que no se inscribió, es de otro partido  con el que aún no existe acuerdo de coalición, quedando en esa breve comparecencia de la senadora la evidencia irrefutable de violaciones a la convocatoria en donde se añaden dos nombres a la encuesta de personas no registradas, se viola el requisito de que solo deberían ser cuatro los encuestados y además, por primera vez en la muy meritoria labor del equipo encuestador de Morena, se procedió a una encuesta telefónica en vez de casa por casa “debido al semáforo rojo en Zacatecas”. Lo demás fue cuestión de trámite, vino el anuncio esperado:  David Monreal superaba a los otros seis aunque sumaran sus respectivos porcentajes, su “victoria” fue tan “arrolladora” que ganó a todos los demás en percepción de honestidad, quién lo dijera.

Cuando me tocó hacer uso de la voz lo dije sin ambages: “es mucho barroquismo para consumar una imposición”, por primera vez se proyectaban en diapositivas los resultados, al estilo PRD, cuando me consta que antes, Morena ponía en manos de cada encuestado un ejemplar de la encuesta y sabíamos el texto de cada pregunta y el porcentaje de respuestas, ahora todo se remitió a la fe.

La sesión continuó y finalmente se procedió al anuncio del “ganador” con la ausencia de cinco de los siete “encuestados” y el acompañamiento de la senadora Soledad Luévano, además del mismo “ganador”.

Los “centralazos” son viejos en la política mexicana; Ricardo Monreal tuvo un gran apoyo de los zacatecanos cuando en 1998 fue excluido desde el centro y no reaccionó como un agachón, luego de conseguir su objetivo se convirtió en operador de esos “centralazos” en los distintos partidos que ha recorrido gracias al traslado del escenario estatal al de la Ciudad de México.

La hegemonía de lo peorcito

Los mexicanos aún no nos libramos de la enorme desgracia colectiva de que el campo de la política práctica esté copado por lo peorcito, es decir, por los que apuestan por alguien del que reciben o esperan recibir ventajas personales, aunque ese “alguien” sea un pillo de 7 suelas, con pésima fama pública que vive el síndrome del emperador desnudo de la fábula.

También practican la política ciudadanos ejemplares, creyentes de un ideario común, identificados con colores partidistas acordes con su manera de entender la realidad y con la clara conciencia de que la actividad política es la noble actividad con la que se busca el bien común, pero, o son opacados o se alejan por hastío.

Como líder y como presidente, López Obrador es el primer político que emprende la transformación de la cultura política que nos subordina a los peores para que la ciudadanía honorable ocupe su lugar, iniciativas como la de la cartilla moral, lemas como “no mentir, no robar no traicionar al pueblo”, expresiones como “el poder solo se entiende como servicio a los demás”; “solo el pueblo puede salvar al pueblo”; “los cargos son encargos”; “la política y la economía son de  la incumbencia de todos, no de unos cuantos” y otras expresiones constituyen el núcleo de un pensamiento político que se rescata del pueblo, no que se le suministra como receta de iluminado: el que no roba, ni miente ni traiciona lo aprendió de sus padres y sus padres de sus padres, nunca del político  de moda. Los extraviados siguen confundiendo lo popular con lo populista.

La aculturación tiene tiempos que no coinciden con lo inmediato, prueba de ello que el poderoso movimiento que lidera López Obrador contiene en su seno la cultura de “lo peorcito” en permanente tensión con la ciudadanía moralmente sana como se advierte observando la puja por las candidaturas a puestos de elección popular. La dirigencia aprisionada por el choque de dos códigos morales incompatibles, tiene que conciliar lo competitivo con lo ético, lo funcional con la rentabilidad electoral, el compromiso auténtico con la #Cuarta transformación con la gobernabilidad indispensable. Tal es el contexto en la que se gestan candidaturas en la coyuntura.

¿Sacrificados?

Algunos especulan que la candidatura de David abona a la viabilidad legislativa de la #Cuarta Transformación en el Senado, dicen que el precio es barato por la importancia del Proyecto. No comparto tal versión, y, además  sería inadmisible que el pueblo de Zacatecas fuera la moneda  de cambio.

Hasta el 4 de Enero

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