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El recreo

Votaremos por juzgadores

Votaremos por juzgadores

José Luis Medina Lizalde.

Estamos en la semana de inicio de la campaña electoral judicial encaminada a la construcción de un poder judicial con la misma génesis de los poderes ejecutivo y legislativo.

J. Luis Medina Lizalde
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3 de abril 2025

Con nuestro voto del primero de junio, los mexicanos no debemos buscar lumbreras del saber jurídico, debemos buscar jueces dotados de cabeza, corazón y carácter para impartir justicia, equipados moral e intelectualmente para distinguir lo falso de lo verdadero.

Estamos en la semana de inicio de la campaña electoral judicial encaminada a la construcción de un poder judicial con la misma génesis de los poderes ejecutivo y legislativo, como todo cambio profundo que experimenta un pueblo, el proceso abunda en desafíos.

Por principio de cuentas hay que establecer que la aspiración compartida por todos los mexicanos es la de que el nuevo poder ofrezca la certeza jurídica a todos, que nadie se encuentre en  situación de vulnerabilidad por ser la contraparte débil económica, social o políticamente, tal como ahora sucede a poseedores de bienes codiciados por poderosos, como les sucede a los despojados de sus tierras, de sus aguas, de su riqueza forestal, etcétera.

Se trata de poner punto final a la larga cadena de agravios a la sociedad con amparos y resoluciones a delincuentes peligrosos con alto poder adquisitivo  y  de la liberación de cuentas bancarias de poseedores de fortunas en entredicho judicial, como son los casos de la esposa de García Luna y más recientemente de Inés Gómez Mont o de protección sistemática a grandes contribuyentes que como Salinas Pliego, evade sus obligaciones fiscales con abogados expertos en alinear a su favor a juzgadores.

A unos cuántos días de la campaña apreciamos la inducción a poner en el escenario acreditaciones académicas, grados, especialidades, doctorados, diplomados, pero el descontento con los jueces que los mexicanos manifiestan no es porque se les perciba ignorantes sino porque se les percibe injustos o piezas de la injusticia y factores de la impunidad histórica de los que cometen delitos desde posiciones de privilegio.

Es de esperar que la campaña judicial sirva para conocer lo positivo y lo cuestionable de cada candidato en el contacto directo con el ciudadano y mediante los medios tradicionales, pero sobre todo en la plaza pública más amplia y contemporánea conformada por Facebook, X, Instagram y demás redes cibernéticas.

El cambio, un hecho

Los cada vez más débiles opositores hacen lo que está a su alcance por sembrar derrotismo, aspiran a fincar su éxito en el fracaso, son cazadores afiebrados de prietitos en el arroz que se darán por satisfechos si el abstencionismo es alto, su apuesta en la coyuntura es por la irrelevancia, nadie da lo que no tiene.

La elección de juzgadores es lo más llamativo de la reforma judicial pero está muy lejos de ser el único elemento virtuoso, por principio de cuentas, los ministros, magistrados y jueces que entrarán a escena tendrán ingresos que no rebasarán a los de la presidenta de la república, perdiendo de paso la perversa motivación que les hizo otorgar amparos a la burocracia dorada que resiste la austeridad republicana.

Otro cambio a ponderar es el establecimiento de plazos procesales para hacer expedita la justicia en procesos penales, juicios civiles, mercantiles y fiscales.

Un paso fundamental es la separación de la vigilancia institucional del control del ente vigilado, superando la aberración estructural que significa que el Consejo de la Judicatura Federal sea presidido por la persona que preside la SCJN, Norma Piña encabezando la vigilancia de Norma Piña.

La sustitución del Consejo de la Judicatura por el Tribunal de Disciplina Judicial es por sí misma una renovación estructural de gran profundidad.

Estos y otros componentes de la reforma judicial generan la esperanza de que el estado de derecho se consolide, pero el avance más trascendente, es que los mexicanos sacamos de la oscuridad el funcionamiento del poder judicial al exponerlo a la atención pública cotidiana, tal como los otros poderes.

El despojo, la injusticia laboral, la evasión fiscal, la fabricación de delitos, la desventaja como contraparte de poderosos, la impunidad de los que ordenan desapariciones, extorsiones, homicidios y secuestros, constituyen la realidad a la que ha contribuido un poder judicial desde siempre subordinado al poder del dinero y de la conveniencia política, pero que es apenas un eslabón muy importante de la cadena de responsabilidades que entran en juego para que haya o no haya justicia.

Que muera el fuero judicial también

La reforma judicial es primer paso de una serie de cambios secuenciales entre los que figuran fiscalías, régimen penitenciario, defensorías públicas, cultura del litigio, planes de estudio de escuelas de derecho y hasta el tratamiento informativo del universo de la justicia.

¿Y si enriquecemos la reforma judicial con la supresión del fuero que tienen los juzgadores, que a varios les ha servido para lo mismo que a García Cabeza de Vaca, Ricardo Anaya, Alito Moreno y Cuauhtémoc Blanco?

Nos encontramos el lunes en Recreo

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