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Verticalismo e intereses creados

Verticalismo e intereses creados

J. Luis Medina Lizalde

   |  21 enero, 2021

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

En las dos coaliciones electorales que disputarán el voto de los zacatecanos este año prevalece hasta el momento la fuerza de los intereses creados, lo que de seguir por donde va nos anticipa un sexenio más sin instalar en el gobierno la voluntad de terminar con la impunidad de la corrupción pública, a pesar de la gravedad de la misma. El reciclamiento de mañosos es consecuencia de la ausencia de democracia interna partidista en ambos bandos electorales.

El verticalismo nació en el PRI, los dirigentes y los candidatos a puestos de elección popular se “cocinan” desde arriba; la cultura de la imposición naturalizó el uso de aberrantes prácticas y vocablos como el “dedazo”, el “palomeo”, la “línea” y la “cargada”, moldeando bases partidistas conformes con un papel circunscrito a lo escenográfico mediante la consagración del uso de la matraca y el acarreo, gestando una cultura política al servicio de los intereses creados, posponiendo la emergencia de cultura ciudadana e introduciendo tolerancia a la corrupción como factor principal de la estabilidad.

El 4 de octubre de 1987 el PRI mostró su victoria cultural, congregadas en la Ciudad de México, las multitudes de acarreados al destape del candidato a la presidencia de la República se encontraron con la incertidumbre autoritaria que hacía imposible adivinar quién sería el ungido de una sexteta, en la cual Bartlett y Alfredo del Mazo lucían más consolidados que Carlos Salinas de Gortari, situación que el gobernador de Campeche, Alejandro Carrillo Zavala resolvió llevando un cartel en donde él aparece con cada uno de los seis “aspirantes” para, en su momento, mostrar el que lo acredita como fan del designado. El que resbaló muy gacho fue Guillermo Rossell de La Lama, gobernador de Hidalgo, que se fue con la finta de que sería Sergio García Ramírez el sucesor de Miguel de la Madrid, y junto con muchos acarreados que creyeron lo mismo acudió en tropel a ponerse a la orden del que fuera procurador general de la República.

La comicidad del acto masivo del destape de Salinas De Gortari mostró el auge de indigentes ideológicos dentro de las bases priístas y exhibió como menesterosos políticos a no pocas de las personalidades que protagonizaron aquel momento de rumores y confusión.

En 1965, el presidente nacional del PRI, Carlos Madrazo Becerra, quiso que dirigentes y candidatos fueran fruto de la voluntad de las bases militantes expresada conforme a estatutos, pero fracasó ante los empoderados intereses del verticalismo. Años más tarde, en su natal Tabasco, Andrés Manuel López Obrador, en su condición de líder estatal del PRI, quiso hacer exactamente lo mismo y también tronó como ejote a pesar de la alta estima en que lo tenía el gobernador Enrique González Pedrero.

Militancias ignoradas

En las elecciones celebradas en 1958 -1959, Zacatecas derramó sangre con motivo del mismo anhelo enarbolado por la Coalición Nacional Revolucionaria, que protagonizó resonante disidencia en aquellos años, estos precedentes deben servir de acicate para valorar la importancia de que, mientras las militancias de los partidos políticos sigan de convidadas de piedra, los que arriban a cargos lo hacen sometidos a intereses de los de arriba; es decir, de una minoría que se impone a las aspiraciones de los de abajo, de la mayoría.

Zacatecas debe aprovechar el momento nacional en donde el combate a la corrupción es prioridad, estamos urgidos de una reorganización de la administración pública que necesariamente implica deshacernos de quienes han hecho negocios al amparo del gobierno, procediendo con la ley en la mano e introduciendo los cambios legales que nos aseguren que nunca más se fincará la simulación y el despilfarro que nos mantiene como estado rezagado.

El obstáculo estriba en que el reciclaje de los que nos tienen como nos tienen tiene vía libre mientras las decisiones de coalición, de género y de candidatos se tomen desde arriba, aunque los estatutos partidistas digan otra cosa.

En esa realidad, optar por recurrir a los tribunales es una forma de luchar, que más allá de resultados inmediatos, debe generar una reforma integral que empodere a la ciudadanía de abajo y que castigue, inclusive, penalmente las violaciones a las normas internas en la vida de los partidos políticos constitucionalmente clasificados como entidades de interés público; entonces sí hacer válido aquello de que “cada pueblo tiene el gobierno que merece”.

La batalla continúa

El presidente de la República asesta formidables golpes al verticalismo estructural promoviendo y sometiéndose a la revocación del mandato en 2022 y eliminando el Fuero Presidencial, en ese esfuerzo no cuenta con el acompañamiento de la clase política, pero sí tiene el apoyo de los de abajo, hartos de que el verticalismo electoral frecuentemente obligue a optar entre lo malo y lo peor.

Nos encontramos el jueves en El Recreo.

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