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21 de octubre

21 de octubre

Vacío de ideas, pobreza de acción

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

Las campañas sin pensamiento son de origen reciente,  cuando el PRI ocupaba todo el espectro político existía un rol muy valorado por la clase política al que popularmente se le motejó como jilguero: ser orador en los  actos de campaña era una distinción que recaía en individuos cultivados que recibían la designación como oportunidad,  al mismo recurrían lo mismo candidatos de escaza formación escolar que gente de nivel intelectual, muchas carreras políticas obtuvieron el impulso decisivo gracias a la pieza oratoria bien hilvanada y mejor gesticulada.

En consonancia con la alta valoración de la palabra, los políticos tienen en la calidad de su acción la clave de la aceptación popular, prueba de ello es que el presidente más querido de nuestra historia, General Lázaro Cárdenas, a pesar de que la oratoria no era su fuerte, su obra le acarreó el respaldo popular y lo inscribió en el sitial de honor de nuestra memoria colectiva. en contrapartida, José López Portillo, brillantísimo y culto orador, pasa a la historia como el extremo decadente del régimen de la Revolución Mexicana. La vida enseña que la política es conjugación armónica de la acción y la palabra.

Brújula extraviada

Zacatecas tuvo en los profesores rurales y en los alumnos del Instituto de Ciencias sus semilleros de “jilgueros”, sobresalieron por destacadas actuaciones en campaña Cervantes Corona, luego gobernador, Julián Ibarguengoitia Cabral, Raúl Rodríguez Santoyo, Lázaro Rivera Hernández y muchos otros, siendo el último presente en mis recuerdos el vibrante y culto Abel Dávila García, cuya elocuencia oratoria lo perfiló internacionalmente.

Las piezas oratorias en la plaza pública son, desde la antigua Grecia, la irremplazable manera de externar una visión, un proyecto, un propósito colectivo, las piezas oratorias son indispensables en tribunas legislativas y como arenga bélica antes del combate. Ocasiones hay en que el discurso corre a cargo de la figura principal o en su defecto, de aquel en que se delegue la responsabilidad de dar, en nombre del candidato, el mensaje coherente y convincente del pensamiento que inspira la acción, dicho lo anterior cabe preguntarse ¿Cómo es que llegamos a campañas tan carentes de mensaje articulado?  ¿Qué nos llevó a desplazar el pensamiento por el circo?

Nadie es todólogo, pero un político se especializa en generalidades, que escuche para saber. Las campañas son para aprender. El político promueve relación cercana entre el teórico y el práctico.

Las circunstancias inhibieron la masividad de las campañas, la comunicación digital pasó de ser deseable a indispensable, aunque por esta vez no se aprovecharon sus alcances para difundir pensamiento articulado en diagnóstico y propuestas, en principios y valores, vamos, ni siquiera en difusión de trayectorias.

Los universitarios no aportaron su saber a las campañas, les ganó la tentación de ser clientela, los medios de comunicación no aprovecharon a sus reporteros para cubrir las campañas desde la perspectiva independiente, se impuso el boletín financieramente respaldado y la editorialización palera. Todo se conjuga para hacernos elegir sin conocer pensamiento articulado de los candidatos.

Los perfiles de los candidatos de cada fuerza política debilitan al extremo el voto ideológico específico, ya de por sí puesto en entredicho por las alianzas contra-natura. La única salvedad es el voto por los diputados federales porque en ese terreno se dirime el futuro inmediato de la #Cuarta Transformación, allí nos mediremos los convencidos de fortalecer la gestión de López Obrador con los convencidos de lo contrario.

Las campañas locales generan confusión y vacilaciones al advertir la notoria contradicción entre el perfil político del candidato y el partido postulante, así como la participación en un solo partido de personalidades con posturas contra-puestas en el terreno de los valores al mismo tiempo que vemos en todas las opciones manifestaciones de nepotismo electoral aún en quienes son denunciantes habituales de esa práctica.

A botarlos con el voto

En su recorrido por el país durante 12 años, López Obrador ofreció a los asistentes a sus actos una explicación detallada, permanentemente actualizada de la situación del país, de ese modo sembró el formidable respaldo al Proyecto de Nación a pesar del boicot informativo de los medios de comunicación; él no inventó ese modelo de campaña, lo retomó de la historia nacional antes de que el modo neoliberal de hacer campañas sin mensaje banalizara la política.

Mi convicción de mexicano convencido de que la corrupción pública es el mal de males me anima a proponer que el valor de la honestidad sea el máximo valor a tomar en cuenta.

Mi convicción de zacatecano me anima a convocar a no votar sospechoso por quien percibamos capaz de “apalabrarse” con el crimen organizado.

Todo eso mientras los partidos recuperan el valor de la congruencia con sus propios documentos básicos.

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