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Sistema en el banquillo

Sistema en el banquillo

J. Luis Medina Lizalde

   |  11 enero, 2021

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

El escándalo que rodea a Félix Salgado Macedonio, hasta hace días enfilado a la gubernatura de Guerrero por Morena, deja al desnudo al sistema que se niega a morir, reducirlo al drama de un actor político o de un partido, es no advertir la permanencia del México en donde las normas son letra muerta gracias a la ceguera de una clase política sin altura de miras. Quien se adentre en los archivos de la Dirección Federal de Seguridad disponibles en el Archivo General de la Nación encontrará evidencias documentales, testimonios y declaraciones arrancadas mediante tortura de mujeres y hombres capturados y desaparecidos para siempre; las garantías constitucionales, las reglas penales procesales y en general las normas vigentes eran sistemáticamente ignoradas por las autoridades responsables de velar por su cumplimiento, con la colaboración de casi todos los medios de comunicación, especialmente Televisa, que en el noticiero estelar presentaba guiñapos humanos severamente cuestionados por  Jacobo Zabludovski.

Cuando Mario Delgado presenta a Salgado Macedonio como “ganador de la encuesta”  sale a la luz una denuncia de violación de cuando gobernó el municipio de Acapulco,  ante el Ministerio Público, con  expediente preparado para turnarlo al juez, lo que no se hizo porque el gobernador Héctor Astudillo, que aún permanece en el cargo, no dio su venia para evitarse broncas, como lo hacen muchos,  según lo declara el connotado penalista Xavier Olea,  en ese momento fiscal en el estado de Guerrero que confiesa que subordinó la justicia al interés político de su gobernador.

Queda de manifiesto, de comprobarse todo lo aseverado, que el senador Salgado, el fiscal y el gobernador se combinaron para hacer del estado de derecho un papalote, siendo los tres merecedores de ser llevados ante el juez.

La ley, letra muerta

De acreditarse los hechos ¿habrá desafuero para el senador Macedonio; juicio político para el gobernador Astudillo y proceso penal para Xavier Olea?

Nadie medianamente enterado ignora que no existen filtros morales en los partidos que eviten que los electores voten por quienes han incurrido en actos de corrupción pública en cargos previos; que mucha obra pública es otorgada a quienes invirtieron en campaña de manera ilegal; que el crimen organizado patrocina campañas para llevar a cargos públicos a cómplices, que el voto para aprobar cuentas públicas, nombramientos, leyes de ingresos y presupuestos se consiguen mediante sobornos con fondos públicos. Hemos padecido políticos a los que les valió “madres” entregar riquezas nacionales a los extranjeros a cambio de ellos hacerse ricos. Los García Luna son muy frecuentes en nuestra historia patria, las fortunas privadas fruto de cargos políticos son verificables a escala municipal, estatal y nacional, todo ello tiene su común origen en el menosprecio a la norma, a lo públicamente legitimado, al imperio de la ley a cargo de la autoridad constituida, que empezó cuando la Corona Española rubrica sus disposiciones para la Nueva España con la frase que hizo que se transformó en cultura “Acátese pero no se cumpla”.

Es regla y no excepción encubrir delitos para no echarse broncas, como lo hizo en este caso el gobernador de Guerrero y es regla y no excepción, consultar al jefe político si procede o no conforme a la legalidad como lo hizo el ex fiscal de ese estado en el caso que nos ocupa, esa aberración moral contamina a todos los partidos, a todas las ideologías, no se trata de deformaciones individuales, se trata de una normalidad que debe erradicarse  a partir de preguntarnos sobre dónde y cómo se forma personal dirigente, como aspirar a generar los políticos a la altura de lo que un pueblo necesita.

Impresentables

En los partidos se aprende que los estatutos son letra muerta, que ninguna obligación es real ni ningún derecho está garantizado, no se cobran cuotas a los miembros porque hay dinero de sobra, estar afiliado o no estarlo no le da ni la quita candidaturas digan lo que digan las normas internas,  nuestro sistema de partidos arraiga el menosprecio por la ley, educa en el indebido ejercicio de la función pública y nutre incesantemente a la clase gobernante de ambiciosos sin ideales, de operadores de lo público sin sentido social, de guías del fracaso colectivo en aras del mezquino interés  personal.

Convencido estoy de la conveniencia de enjuiciar al pasado en las personas de los ex presidentes pero más convencido soy de que necesitamos una clase política con valores, con cultura de legalidad: solo así la historia no se repetirá; los políticos del pasado régimen aprendieron que los votos se consiguen con dádivas y engaños y que el poder es para ejercerlo para la propia satisfacción.

Los filtros partidistas plasmados en los respectivos estatutos siguen sin proteger la sociedad de impresentables.

Nos encontramos el jueves en Recreo.

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