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Reforma histórica

Reforma histórica

J. Luis Medina Lizalde

   |  2 abril, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

La crisis sanitaria mundial interrumpió muchos procesos institucionales, en México, además de las elecciones en dos estados y el proceso electoral interno de Morena, la catástrofe viral interfiere en el proceso de aprobación de la incorporación a la Constitución de la República de los programas sociales concebidos para atender a la población tradicionalmente marginada de este país.

La reforma se encuentra en la etapa de aprobación en las legislaturas de los estados y todo indica que va a culminar con satisfacción porque cuenta con el respaldo de todos los partidos políticos con la excepción del PAN y que ya dieron su aval 12 de las 17 legislaturas locales que el procedimiento establece.

El paso de despojar los beneficios de programas de su condición de dádivas para captar votantes en derechos consagrados en la Constitución, es la oportunidad que tienen Morena y aliados de no incurrir en la misma incongruencia en la que cayeron PAN y PRD cuando hicieron lo mismo que critican al PRI.

Con la reforma, la oposición tiene la ganancia inmediata de que el partido gobernante ya no podrá hacer pasar como fruto de su “gestión” un derecho constitucional El clientelismo gestó la subcultura del “estómago agradecido” no solo en votantes pobres moralmente presionados para apoyar al político que hace llegar despensas o calentadores solares sino en profesionales de la política que deciden su apoyo basándose en lo que esperan obtener para ellos y no en lo que desea para la gente.

El uso electoral inmoral y delictivo de los programas sociales ha perpetuado pobreza y desperdiciado cuantiosos recursos destinados a su combate Además de esas razones para respaldar la conversión en derechos constitucionales lo que ahora se reparte para ganar electoralmente, hay otra razón de fondo que emerge de la presente emergencia sanitaria y sus previsibles consecuencias económicas.

 Los empresarios también son pueblo

Un repaso a las soluciones gubernamentales a las crisis de los ochenta y noventa del Siglo XX así como la que estalló en 2008, demuestran que el costo siempre lo pagan los pobres, el Fobaproa no es caso único, para que esta vez no suceda lo mismo hay que superar el equívoco de considerar que hablar de empresarios es hablar de ricos sin advertir que la inmensa mayoría pertenecen a la cultura del esfuerzo y no del privilegio, que batalla para pagar salarios e impuestos, los que viven en la cultura del privilegio son muy pocos, la mayoría sabe que su empresa vive del poder adquisitivo de la gente de su entorno y que solo una ínfima porción protagoniza el comercio exterior, esa es la razón por la cual el dinero público de los programas sociales es oxígeno vital para el porcentaje mayoritario de los empresarios mexicanos al dotar de poder de consumo a las personas de carne y hueso de su cercanía social, por eso es fundamental erradicar la corrupción en programas como los diseñados para remunerar temporalmente a los jóvenes que viven en la extrema adversidad de no estudiar ni trabajar no por gusto como lo percibe el prejuicio clasista, la función de esos programas es dotar de mano de obra subsidiada al empresario micro, pequeño o mediano empresario a cambio de su aportación capacitándolos, por eso es fundamental erradicar la corrupción como la denunciada por Zacatecas News, de Verónica Trujillo, quién hizo público que le cancelaron las becas a los beneficiarios de “Jóvenes construyendo su futuro” como represalia por su línea editorial.

Los tecnócratas pensaron que la economía es fruto de la privatización de todo y presentaron el gasto social como pesada carga a los contribuyentes, la realidad los desmintió en México y el mundo, los que cayeron en el espejismo de “poco estado y mucho mercado” redescubren no solamente la fortaleza superior de la medicina institucional sobre la privada sino la función vital de los programas sociales.

 Agua para apagar fuego

Plasmar en la Constitución como derecho y no como instrumento de lucro político el acceso a programas sociales, además de ser camino a la salud política de la nación y a la vigorización del empresariado mexicano mayoritario realmente existente, se suma a lo anterior que en estos momentos el gasto social es agua para apagar el incendio de la delincuencia desbordada, las notas que llenan los espacios suelen concentrarse en los de singular impacto en detrimento del cotidiano robo domiciliario, abigeato, hurto de transformadores de electricidad y demás flagelos de la delincuencia común parapetada tras la organizada.

Ahí donde llegan las enseñanzas de la sociología del delito es fácil advertir la marginación social como génesis de la pesadilla. Sin clientelismo podemos aspirar a políticos confiables, planta productiva vigorosa y paz social. Con clientelismo no hay transformación.

Nos encontramos el lunes en Recreo

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