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Precaria cultura institucional

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

La precaria cultura de la institucionalidad se puso de manifiesto en un acto solemne: la mesa directiva del Senado, en los hechos, otorgó la representación del estado de Zacatecas al D21, facción que pavimentó el triunfo electoral de David Monreal en la pasada jornada electoral. De haber actuado con sentido institucional, los invitados infaltables a la inscripción  en el muro de honor del nombre del Ramón López Velarde hubieran sido, Alejandro Tello, gobernador del estado; Arturo Nahle, magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia; Susana Rodríguez Márquez, presidenta de la Legislatura y Antonio Aceves, presidente municipal de la Jerez, cuna del inmenso poeta del que conmemoramos el primer centenario de su muerte, los rituales  habrían hecho compatible invitar el rector de nuestra Alma Mater, al ameritado promotor de López Velarde,  José de Jesús Sampedro, así como a  familiares del laureado poeta y algunos de los que han sido distinguidos en los concursos de poesía convocados en homenaje al laureado poeta.

No fue así, las redes reportaron a una porción de recién electos que de ese modo envían el mensaje del liderazgo indisputado del senador Ricardo Monreal, por si algunos tuvieran dudas al respecto. Para forjar percepciones el senador se pinta solo.

El hecho sería una anécdota de tantas si no fuera el síntoma de la persistencia del precario sentido de institucionalidad de una clase política que no acaba de dar el estirón democrático.

Crónicas de la época reseñan el recibimiento del general Fernando Pámanes como candidato del tricolor a la gubernatura de Zacatecas por un comité de bienvenida en el que sobresalía el Comandante de la onceava Zona Militar portando su elegante uniforme, a nadie se le ocurría cuestionar esa obvia transgresión a la legalidad, tampoco hubo reacción cuando el gobernador Genaro Borrego dispuso la remoción de seis presidente municipales en la misma tónica en la que el gobernador Cervantes Corona “enfermó” al presidente municipal de la capital Benito López Domínguez.

En nuestro país ha sido cosa de todos los días la llamada de un temporal poderoso ordenando a un presidente municipal la condonación del predial a “su compadre” o el telefonazo del presidente municipal al jefe de turno en barandilla disponiendo la liberación de algunos juniors, no por nada, en tiempos recientes se asignó a cada diputado una millonada anual para obras de las cuales muchos obtuvieron ganancias mediante enjuagues con empresas constructoras y autoridades municipales.

Antes de las reformas para crear la Guardia Nacional ¿cuántos años el Ejército cumplió funciones expresamente prohibidas en la Constitución?

Cultura deformante

El influyentismo es fruto natural del presidencialismo, modalidad mediante la cual la voluntad de una persona es incuestionable, los mexicanos apenas nos adentramos a la etapa en dónde un simple juez puede, con razón o sin ella, frustrar la entrada en vigor de una ley estratégica en la visión del presidente  u obstaculizar obras prioritarias, quien diga que seguimos siendo el país de un solo hombre: simplemente miente, sin embargo, los cambios culturales son más lentos. A la sombra del presidencialismo se gestó el modo de hacer política en dónde lo institucional solo es de la boca para afuera, la cultura que anula instituciones impregna toda la vida pública mexicana, no habrá cambio de fondo en México si no se acompaña de un cambio en la mentalidad de los actores políticos.

Los gobernantes de todos los tamaños, los que tienen encargos públicos, tienen la misión de educar con su ejemplo, las críticas a la renuencia del presidente a portar permanentemente el cubrebocas en muchos se  basaron en esa convicción, la decisión de apartar de la vida pública a sus hijos es la más contundente prédica contra la pandemia de nepotismo que nos abruma desde hace muchos años, el acatamiento a los amparos otorgados en contra de sus políticas, el no limitar la libre expresión de sus críticos  y la severa austeridad de su ejercicio, son cambios en la mentalidad colectiva que calan hondo, que cambian el modo de ver la política a todos, todo ello abona a desarrollar, de manera contundente e irreversible, al fortalecimiento del sentido institucional en los políticos, lo que confirma que la ruta del cambio siempre inicia en la conciencia de los simples mortales y que de allí se traslada a los políticos, es vía larga, pero vía segura.

Respeto a lo que a cada quien le corresponde

A los zacatecanos nos corresponde poner lo que nos toca para que en el próximo gobierno no impere la idea de que el voto le entregó el estado a un grupo o persona, la cultura de la institucionalidad debe afianzarse, solo así se construye armonía y se logran grandes objetivos de bien común.

Ya lo dijo Juárez.

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