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Plan, aplicación y disciplina

Plan, aplicación y disciplina

J. Luis Medina Lizalde

   |  23 noviembre, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

No conozco a una sola persona que se oponga al uso del cubrebocas, el reforzamiento de esa medida hay que apoyarlo mediante la persuasión social, porque no provendrá de la ley que impone multas y horas de arresto al infractor en un estado al que no le faltan leyes, sino capacidad de hacerlas cumplir.

El país muestra que la mitad de los estados en vía de descenso de la pandemia de coronavirus (14 estados en semáforo amarillo que indica nivel medio de riesgo y 2 en semáforo verde en nivel bajo de riesgo) y los restantes 14 se reparten  en semáforo naranja que indica alto nivel de riesgo y 3 en semáforo rojo, de máximo riesgo con 6, entre los cuales se encuentra Zacatecas, al borde de retornar al confinamiento general conforme al semáforo que marca el nivel de más alto riesgo. Las diferencias entre unos u otros estados obedecen a factores como la densidad de población; el nivel de contaminación de la atmósfera; el predominio de transporte masivo y de centros laborales de alta concurrencia, así como la calidad de la gestión pública de la pandemia de las autoridades locales.

Controlar la movilidad es controlar la pandemia, bajo esa premisa se cancelaron actividades para hacer posible el confinamiento en casa y asumiendo la inevitabilidad de algunos desplazamientos se dictaron reglas de distanciamiento físico; uso de cubrebocas y medidas de higiene personal al mismo tiempo que se trajeron insumos y ventiladores del extranjero; se acondicionaron unidades hospitalarias para ponerlas al servicio de la emergencia y se capacitó a la carrera a miles de médicos generales y enfermeras para compensar el enorme  déficit de especialistas.

El control de la movilidad tiene como elementos esenciales: la suspensión de actividades; la disciplina para quedarse en casa lo más que se pueda y el acatamiento estricto a las indicaciones sanitarias para la emergencia. Falla el comportamiento social cuando se celebran reuniones de convivencia y cuando los centros de concurrencia no respetan las reglas.

La desigualdad social muestra toda su crueldad cuando pone fuera del alcance de muchos los cubre-bocas, pruebas de Covid-19, medicamentos y oxígeno para los que no tienen seguridad social, circunstancia que prolonga la emergencia, tanto para los que no tienen poder adquisitivo como para los ven menguadas sus posibilidades de recuperación por la continuación de la emergencia.

Una gran cantidad de seres humanos son “asintomáticos” y si no tienen disciplina, contagian a otros sin saberlo, por eso no hay medida más eficaz que el confinamiento y el uso de cubrebocas cuando se interactúa, por eso la pandemia no terminará en poco tiempo, tenemos que aprender a vivir con ella, no hay de otra.

Se puede mejorar

Las autoridades locales de Zacatecas deben mejorar su desempeño con espíritu autocrítico. Si Chiapas y Campeche están en bajo nivel de riesgo significa que algo podemos hacer; lo deseable es evitar que se declare en semáforo rojo por sus catastróficos efectos económicos y sociales, para ello hay que empezar por aplicarse más a la tarea, el hecho de que hasta el boletín diario con los pormenores epidemiológicos no se publique los sábados y días festivos habla de incapacidad organizativa del abundante personal disponible en nómina, suficiente para esa rutina básica y para tener un plan de persuasión pública.

Algo que salta a la vista es la omisión de la detección de posibles contagiados a partir de los que resultan positivos a los que se les debe solicitar la relación de gente con la que se estuvo en cercanía, también es notoria el vacío de autoridad sobre los que proveen insumos para el tratamiento de enfermos de Covid-19. No es tolerable que sigan con sus horarios rutinarios, que suban los precios de lo que venden y que no tomen las medidas de abastecimiento que la situación aconseja, las familias de los que se atienden en casa deben contar con la acción diligente de la autoridad para que  encuentren lo que necesitan cuando lo necesitan y a precios decentes. El hecho de que enfrenten con sus propios medios la situación evita la saturación de hospitales.

Solo juntos podremos

Percibo que existe un divorcio entre el gobierno y la sociedad en el tema de la pandemia, no de confrontación, sino de mutua indiferencia, falta comunicación directa y constante.

Hay establecimientos comerciales de todo tipo y nivel ejemplarmente disciplinados y solidarios, mientras otros ignoran indicaciones; lo serio del asunto es que eso se conoce por experiencia directa de la gente, no por la actividad inspectora de la autoridad.

La pandemia no es un problema de tantos, es el problema del cual derivan otros, nadie está a salvo hasta que todos lo estemos.

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