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Perú y lo que no hay qué hacer

Perú y lo que no hay qué hacer

J. Luis Medina Lizalde

   |  19 noviembre, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

Perú es un ejemplo de fallido combate a la corrupción, tiene varios expresidentes de la República en la cárcel y algunos con todo y “primera dama”; su inestabilidad lo lleva a tener tres presidentes en una semana y 68 de los legisladores que desataron la crisis y al remover al presidente en funciones tienen abiertos expedientes por corrupción ¿qué les falla a los peruanos? ¿qué nos puede fallar a los mexicanos en nuestro propio combate a la corrupción?.

Norberto Gallardo Vargas fue jefe de escoltas de Emilio Lozoya y miembro del Estado Mayor Presidencial, como tal se encargó del reparto de millones de pesos a políticos corruptos de parte del “jefe Videgaray” según el reportaje publicado por “Reforma” apenas el 14 del mes en curso. Entre los que recibieron los envíos aparecen Ricardo Anaya  y José Antonio Meade,  ambos candidatos a la Presidencia de la Republica en 2018. La gravedad de la información ya no suscita reacciones de asombro porque son tantas  las notas de corrupción de alto calibre que la gente se acostumbra, lo que importa, más que el escándalo, es la dimensión de la inevitable crisis política que irá profundizando hasta que se consolide un nuevo orden de cosas que ofrezca la estabilidad deseada.

El presidente de la República sostiene que hay que combatir las causas y no solo los efectos de la delincuencia, la visión la compartimos muchos, pero existe una tendencia a simplificarla al referirla en exclusiva a la delincuencia con balas omitiendo tácitamente la delincuencia en la que se incurre desde los cargos públicos.

A la delincuencia con balas se le combate con programas sociales entre otras acciones, esa estrategia no sirve para combatir la delincuencia desde los cargos públicos porque a diferencia de la delincuenci con balas, la delincuencia de saco y corbata no es fruto de la marginación en

barrios y comunidades, sino de la inclusión en  esferas del poder público de individuos seducidos por intereses privados que los hace lesivos a los intereses comunes de los mexicanos, con tal enfoque se hace necesario examinar el estado de cosas en los partidos políticos como  fuente de personal  delictivo incrustado en las esferas de la política, del mismo modo como se examina la vida en colonias y comunidades como semilleros de sicarios.

La utilización de recursos públicos con fines electorales y la igualmente ilegal venta anticipada de contratos, empleos y cargos en la que incurren candidatos para hacerse del triunfo, formó camadas de políticos a los que se les inculcó la corruptora idea de que eso es normal, realista y practicado por todos los que pueden hacerlo, y que los que se oponen a tal inmoralidad lo hacen por “soñadores” o porque no pueden hacer lo mismo.

El odio es mal consejero

El esquema corruptor en México tiene de motor de arranque lo electoral, de ahí provienen los “compromisos” como los que el caso Lozoya y la “estafa maestra” dejan al descubierto

La política del presidente contra la corrupción es apoyada por la inmensa mayoría de los mexicanos, hemos entendido que es la más eficaz manera de acabar con la pobreza no solo porque libera cuantiosos recursos para atender los rezagos sociales, sino porque le da piso firme a los agentes económicos mediante la certeza que se deriva del auténtico estado de derecho, sin embargo, hay una minoría de afectados que incuba odio contra el presidente.

La minoría de afectados no oculta su revanchismo y como es previsible, su fuerza nunca será la de antes, pero sí lo suficiente para hundir a México en un período prolongado de inestabilidad al estilo Perú, en donde el tema de la corrupción se usa meramente como arma facciosa favorita para aplastar al adversario, estamos a tiempo de vernos en el espejo peruano.

Para transitar exitosamente del régimen corrupto al régimen sostenido por la honestidad, en la vida pública se necesita la contundencia de la política “del buen juez por la casa empieza”, en esa dirección no deben hacerse excepciones cuando las evidencias sean inobjetables, a la fuerza partidaria sostén de la #Cuarta Transformación le cabe la responsabilidad de hacerse cargo del perfil moral de sus candidatos como requisito irrenunciable, seguir postulando caciques  al estilo del hidalguense Gerardo Sosa Castelán y similares, es sabotear los más puros ideales de los millones de mexicanos que se volcaron a favor del cambio verdadero,.

Otro proceso de consolidación exitosa de la #Cuarta Transformación es el aterrizaje de sus grandes directrices estado por estado, municipio por municipio, de otro modo, no habremos vivido un proceso nacional de cambio, habremos simplemente profundizado la distancia entre lo federal y lo local .

El cambio deberá ser integral o fracasará

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