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Periodismo sin máscara

Periodismo sin máscara

J. Luis Medina Lizalde

   |  8 abril, 2021

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

La historia del montaje de Loret de Mola y García Luna que fue expuesta en “La Mañanera” es historia conocida para lo que se conoce como el “círculo rojo” conformado por la minoría que conforman públicos de lo noticioso, que son de mucho menor tamaño que los públicos de telenovelas, programas musicales y deportivos, la histeria con la que reaccionan los identificados con los usos y costumbres del poder político de aquellos momentos es porque ahora la difusión hace llegar a una amplia base popular, el botón de muestra de una realidad que no termina. La otra novedad es la inteligente actitud de los directivos de Televisa colaborando para la difusión de ese episodio.

El conglomerado de medios de comunicación es poder fáctico operando contra cambios progresistas en toda América Latina; México vive idéntico proceso al de Brasil y Argentina, Ecuador y Bolivia para señalar los más notorios. Ningún esfuerzo transformador puede eludir chocar con el poder fáctico mediático sin exponerse a la destrucción. López Obrador lo tiene claro, su estrategia consiste en combinar el respeto irrestricto a la libertad de los medios de comunicación con la exposición pública de sus puntos de vista, hoy como nunca, los mexicanos estamos ante dos narrativas de la realidad enfrentadas con similar potencial de difusión: los matices van por cuenta del receptor.

El poder desde Porfirio Díaz a Peña Nieto, con honrosas excepciones, siempre procuró someter a los medios de comunicación mediante la represión en variadas formas o con dinero, ese rasgo mafioso del régimen se tradujo en secuestro de empresas editoriales, (Excélsior) asesinatos (Manuel Buendía) Boicot publicitario (Gutiérrez Vivó) persecución laboral (Carmen Aristegui) y muchos episodios de censura previa. La “cara amable” de esa política fue la inclusión en nóminas públicas de periodistas, permisividad para el no pago de impuestos, incumplimiento de obligaciones con el IMSS, Infonavit, complicidad de las autoridades laborales con los abusos patronales de dueños y directivos y convenios de publicidad ajenos al interés público.

El conglomerado de Medios de Comunicación (siempre con excepciones) operó al servicio de lo más podrido de cada gobierno en turno, encubriendo la práctica de la tortura (el montaje de Loret de Mola es un ejemplo de muchísimos) presentando como honorable a verdaderos pillos, atacando o invisibilizando a los enfrentados legítima y legalmente al poder económico y político.

Avance democrático

El sometimiento de los medios de comunicación es al poder económico y al político cuando ambos se entienden, pero cuando tienen que optar entre uno y otro, apuestan por el poder económico en contra del político, tal como se constata en cada experiencia progresista de América Latina.

En lo fundamental, valoro como gran avance democrático que se refute a los medios en vez de reprimirlos o sobornarlos; creo que la intolerancia a la crítica con que reaccionan es transitoria. Al final entenderán que pretender intocabilidad es actitud autoritaria incompatible con su propia esencia, pero hay algo que reitera el presidente que no termina de convencerme, cuando dice, citando a los triunfantes liberales del siglo XIX que “la prensa se regula con la prensa” no considera que el contexto ha cambiado desde entonces.

Estoy convencido de la urgencia de garantizarle a los mexicanos que todos los gobernantes mexicanos, en vez de sobornar o reprimir, refuten los contenidos periodísticos con los que no concuerdan y eso solo será posible legislando al respecto, también es necesario reforzar con adecuaciones legales la situación de los periodistas, víctimas frecuentes del despotismo laboral y ejecutores obligados de consignas informativas por las que otros cobran.

El episodio del montaje de Loret De Mola es una muestra elocuente de una vieja práctica, la difusión de falsa información ha sido herramienta de ascenso político de muchos, no solo de García Luna, el que meses después de esta trágica farsa se convertiría en el más poderosos del país después del Felipe Calderón.

Los falsos culpables, al igual que los falsos positivos en Colombia, no serían imaginables sin un periodismo sin vocación de verdad, Jacobo Zabludovski  entrevistaba a verdaderos guiñapos humanos para que declararan lo que sus torturadores indicaban, ante esa realidad aún persistente, no podemos atenernos a que la prensa se regule con la prensa.

Jueces y periodistas, a evaluación social               

La historia inacabada de Vallarta y la francesa, desnuda la ineficiencia y corrupción del sacralizado Poder Judicial y en estos momentos en esperanzadora autocrítica.

Entiendo que los mexicanos no regresaremos a la condición de cautivos de los hacedores de opinión pública desde el maridaje con el poder económico y político.  Eso la sabe lo mejor del periodismo en México

Jueces y periodistas deberán vivir con la crítica igual que los demás actores de la vida pública, con idénticas garantías y límites.

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