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Lección amarga

Lección amarga

J. Luis Medina Lizalde

   |  6 abril, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

No conozco un solo teórico de la comunicación que no advierta del riesgo que implica comunicar como lo hace el presidente López Obrador:  caer en errores espontáneos o inducidos y sobre todo, por la manipulación de adversarios sacando de su contexto una expresión verbal para presentarlo diciendo algo muy distinto a su propósito. (Lo de anillo al dedo por ejemplo).

Lo que sí apoyan los teóricos es un conjunto de protocolos para comunicar que han sido la biblia de nuestros presidentes, desde Salinas de Gortari hasta Peña Nieto.  Se planea y ejecuta con apego al libreto, no se publica fotografía sin visto bueno, no hay decisión que no se apoye en grupos de enfoque, sondeos y encuestas; cuenta el peinado y hasta con quién se casa,  (La actriz Angélica Rivero era parte del guión).

Tal aplicación de la mercadotecnia a la política implica un aparato difusor que junto con el pago de personal especializado, encuestas y “chayotes”, hicieron de este modelo de comunicación un barril sin fondo a costa de contribuyentes.

Personalmente me quedo con el modo de comunicar de López Obrador porque nos muestra a un presidente humano, a veces brillante y a veces equivocándose, que suscita coincidencias y diferencias, pero que expone su propia esencia en marcado contraste con el que lee discursos que otros escriben. Espero que nunca más volvamos a la comunicación milimétricamente planeada para ser perfecta en la forma y deleznable en el fondo.

La modalidad de comunicación directa hasta dónde la evolución tecnológica lo permite se complementa  con el saneamiento de la relación entre el gobierno y los medios de comunicación dejando de financiar halagos y silencios con dinero público.

Dicho lo anterior, considero que la crisis mundial expresada en la pandemia del coronavirus visibiliza los límites de los cambios comunicacionales promovidos por el presidente de la República y que el tema requiere ser abordado con más amplitud.

Nadie pone en duda que un modo de vivir se derrumba, que en todos los países se abre una etapa de cambios inevitables, cobrará auge en las clases gobernantes el modelo Pepe Mújica, será difícil que en lo sucesivo las sociedades toleren derrochadores que todo resuelven con dinero o corruptos como los padecidos.

Otro modo de hacer política se abre paso en México y el mundo, seremos testigos de la conversión de la austeridad en valor prioritario, en los próximos años  abrumarán tantas necesidades, que los carentes de pasión de servicio buscarán horizontes al margen de la política profesional y enhorabuena que así sea.

El desdén a lo social

Hay cambios generales y cambios específicos para cada país, a los mexicanos  nos queda de tarea  poner fin a la retirada del estado de su función garante de que los medios de comunicación no atenten contra el interés general por satisfacer intereses particulares, la reflexión se origina en el sorprendente dato de que en México  la vulnerabilidad de la población aún joven  en contraste con países donde la vejez es la vulnerabilidad mayor , debiéndose esto, según explica el doctor Hugo López Gatell,  vocero del Consejo que atiende la emergencia, a que la población mexicana lleva cuando menos 40 años con sobreoferta de comida industrial nutricionalmente pobre  y con exceso de carbohidratos,  grasas y azúcares, provocando el sobrepeso, la diabetes, hipertensión y demás enfermedades crónicas que nos hacen más vulnerables que los demás  ¿Cómo llegamos a esto?

El estado mexicano nos dejó inermes ante la publicidad de la comida chatarra, del alcohol, del tabaco, de la violencia, del culto al individualismo del “ganador” y el menosprecio idiotamente clasista del “perdedor”.

¿Debemos esperar un crecimiento espectacular de adictos a las drogar si su legalización precede a la publicidad de la nueva actividad empresarial que Fox espera frotándose las manos?

Cuando estamos lejos del fin de la crisis ya hay lecciones para cada pueblo, los gringos viven la amarga experiencia de no tener medicina institucional como la tienen los cubanos y aquí  resentimos  el daño ocasionado a la salud de los mexicanos por la permisividad irresponsable de la publicidad de comida adictiva y dañina para la salud durante casi medio siglo.

 

 Capitalismo salvaje agónico

En todos los países fue contraproducente el debilitamiento del estado, su regreso no debe implicar el aplastamiento de lo privado en aras de lo público, ambos mundos se complementan, no se excluyen.

El coronavirus es el epitafio del individualismo como filosofía de la vida, la recuperación implicará respuestas en equipo, la cultura de la cooperación nos sacará adelante y el Estado definido por los teóricos del derecho como sociedad organizada tendrá que llenar los vacíos en mala hora cedidos a intereses privados sin consideración al interés general.

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