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Las pluris a debate

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

Con anticipación suficiente, el presidente de la República comunica la intención de turnar al Poder Legislativo tres iniciativas de reformas constitucionales: una busca suprimir la figura de legislador plurinominal. No es el primero que haciéndose eco de un sentir muy extendido, se propone cambios al respecto. La clase política pluripartidista es una fuerza conservadora que frustra cambios socialmente demandados, tal es el caso del fuero, de la reducción de privilegios de la clase política, del dinero público asignado a los partidos y mucho me temo que también respecto a los plurinominales, es mediante la discusión pública cómo se puede crear la conciencia que se exprese en presión desde la ciudadanía para impulsar lo que se deba impulsar.

Los dos grandes objetivos de la creación de esta figura son: la inclusión de exponentes de cuerpos doctrinarios socialmente minoritarios y la inclusión de legisladores con sólida formación en áreas de trascendencia necesarios, pero carentes de fuerza electoral.

La reforma se estrena en 1979 como fórmula de estabilización del país convulsionado por luchas ideológicas, movimientos populares y guerrillas, las primeras legislaturas federales tuvieron diputados de lujo procedentes de la oposición, por el flanco izquierdo recuerdo a Arnaldo Córdova, Rolando Cordera, Martínez Verdugo, Pablo Gómez, Pablo Pascual Moncayo y varios más que popularizaron en la década de los Ochenta la expresión de “ganamos los debates y perdemos las votaciones”, en las filas del PAN mi memoria registra a José Ángel Conchello como gran tribuno.

La evolución política acabó con el partido único y con ello la necesidad de garantizar por la vía plurinominal la inclusión de minorías ideológicas, a lo que se añade la aparición de generaciones de políticos ayunos de pensamiento articulado que imponen la banalidad legislativa desde posiciones de mayoría o de representación proporcional, que están muy lejos de poseer conocimientos en torno a problemáticas específicas, por eso, la existencia de los plurinominal así como están no es signo de democracia, es signo de corrupción.

También debemos decir que los más relevantes cuadros políticos de los partidos son generalmente plurinominales y excepcionalmente de mayoría. Varios de los mismos han dado lustre a la tarea parlamentaria como Pablo Gómez, Porfirio Muñoz Ledo, y muchos otros, entre los que cabe citar a Ricardo Monreal que en su carrera parlamentaria solo fue de mayoría en una ocasión y el resto de representación proporcional como diputado y como senador.

Podrida en el camino

De eliminarse los diputados plurinominales, los mexicanos tendríamos solo 300 diputados federales y no 500;  los Zacatecanos tendríamos solo 18 y no 30 diputados locales, número suficiente en ambos casos, puesto que la carga pesada de cada legislador la lleva el personal contratado por las legislaturas, mismos que elaboran iniciativas de ley, exhortos, discursos, puntos de acuerdo y hasta van por las gorditas para el jefe; la tarea del legislador en comisiones y en sesiones plenarias es, para la mayoría, cuestión de permanecer sentados, votar y de vez en cuanto tomar la tribuna, el coordinador de cada fracción instruye el sentido del voto y el tiempo restante el legislador lo dedica a lo que quiera (unos cuántos atienden ciudadanos).

No obstante, la propuesta de eliminar plurinominales en las cámaras de diputados parece conveniente pero no lo es; todas las legislaturas deben incrustar en sus respectivas bancadas perfiles con preparación, por eso no comparto de la eliminación de la figura plurinominal en cuanto a diputados, creo que lo razonable es una drástica reducción de los mismos y la introducción de requisitos de perfil plasmados en la ley para que deje de ser espacio para novias o sobrinos de dirigentes tipo los que padecemos, pero eso no es suficiente si los mexicanos seguimos permitiendo que las legislaturas  no regulen su funcionamiento interno con estricto apego a la legalidad. El caos, el influyentismo y la arbitrariedad siguen reinando.

Tampoco se avanzará gran cosa si no se mete orden dentro de los partidos, mientras sean las cúpulas y no los estatutos, las componendas y no los militantes, la reforma electoral será inútil para mejorar la calidad de los políticos, seguirá siendo posible imponer candidaturas de impresentables y analfabetas funcionales como es fácilmente verificable.

 Debate democrático

En el caso del Senado considero una aberración la cancelación de la representación paritaria de las entidades federativas que transgrede el federalismo, lo procedente es tener 76 senadores y no 128. Debemos retornar a la integración de esta cámara atendiendo la naturaleza del órgano de estado que conforma una cámara en función del número de habitantes y otra en función de representación igualitaria de cada estado (Ciudad de México también).

Bienvenida la discusión argumentada, López Obrador dio el primer paso mañanero.

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