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La información falsa

La información falsa

J. Luis Medina Lizalde

   |  23 marzo, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

Desde que la humanidad existe circula por el planeta la temida información falsa. La historia oral, la literatura y los corridos mexicanos dan abundantes testimonios de tragedias generadas por un dicho propagado que a la postre resulta una hecho inventado por despecho o mil más motivaciones; la noticia falsa irresponsablemente propalada ha sido causa de muchas desgracias privadas, lo que explica esa mezcla de temor y desprecio que inspiran las personas que suelen contar historias de la vida particular de los demás mezclando situaciones reales con lo que se le pone de la propia cosecha, la instintiva defensa con esas personalidades que en todos los ámbitos suelen manifestarse es la “distancia social”, pues tratarlas de lejecitos es la primera vacuna aunque a veces insuficiente.

Las sociedades del mundo han creado mecanismos para defenderse de las informaciones falsas mediante la penalización de conductas como calumnias, difamación de honor y otros por el estilo, después de sacrificar a miles en la hoguera por acusaciones de herejía, brujería y otras lindezas por el estilo, se introdujeron sistemas para juzgar con garantías procesales, cuya función es la de proteger a potenciales víctimas de imputaciones falsas, por lo que se adopta el principio de presunción de inocencia y el debido proceso.

Después de siglos de periodismo ideológico emerge el periodismo informativo que tiene como misión comunicar hechos de interés general, los medios de comunicación tuvieron distintas evoluciones según el contexto político específico, en donde prevalece el control autoritario, desde el poder público se selecciona lo que se publica, cómo se publica y lo que no se publica: a esa modalidad se le llama censura clásica, para distinguirla de la censura “chayotera” como la que ha prevalecido en México desde hace más de un siglo, en la que el interesado quiere que algo se difunda o no se difunda y de cierto modo pague por ello. “El chayote” ha sido tradicionalmente fondeado con los impuestos pero también hay quienes teniendo interés y dinero también “aportan”.

También brotaron medios de comunicación cuyo éxito en la conquista del público lo logran acreditando veracidad aún entre los que tienen razón para serles hostiles, es muy conocido el respeto de las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial por la BBC de Londres, cuyos despachos informativos les inspiraban más credibilidad que lo que el gobierno de Hitler informaba.

El uso de las redes

La aparición de las redes revolucionó la vida de los pueblos con un sinnúmero de posibilidades insospechadas pero no hay buena cosecha sin hierba mala.

La posibilidad de que cualquier persona sea receptor y emisor de mensajes trasladó a la formidable plataforma comunicacional los mismos vicios morales generadores y propaladores de información falsa que la humanidad padece desde que el mundo es mundo.

La pandemia de coronavirus en México ha sido motivo de muchas noticias falsas originadas en intencionalidades políticas como fue el caso de la falsa información que dio por muerto al señor José Kuri, prominente hombre de negocios; la pifia tiene dos potenciales orígenes: el afán de “ganar la nota” que muchos a muchos periodistas convierte en propagadores de rumores o la manifiesta hostilidad de famosos protagonistas de la corrupción en la relación de los medios de comunicación con el poder público que caracterizó al régimen mexicano hasta Peña Nieto, con contadas excepciones.

Otra noticia falsa se generó en Zacatecas, la propagó la esposa del afortunadamente falso fallecido, lo que indujo la propagación inmediata de la versión de su fallecimiento de parte de usuarios de redes movidos por impulsos solidarios, no hubo mala fe de nadie, se trató de un equívoco explicable.

Fobias y filias para después

La emergencia en la que el mundo se encuentra reclama tratamiento comunicacional muy responsable para no producir que el pánico colectivo derrumbe la economía de nuestro país y desarticule las respuestas institucionales contra las causas de la descomposición social.

Ya vendrán los tiempos en que todos nos demos vuelo avalando o reprobando cada medida, cada gesto, cada palabra de los actores políticos, mientras tanto pensemos cómo solidarizarnos con los que viven al día, tienen diabetes y carecen hasta de agua para lavarse.

Las pandemias manejadas por nerviosos e imprudentes ocasionan más mortandad de fuentes de trabajo que de personas.
Urge serenidad colectiva como componente de la responsabilidad social que se requiere, serenidad a los que están más obligados los que están al frente en el país, en cada estado y municipio.

Como emisores y receptores de información en la situación de emergencia debemos hacer de la fuente oficial de los tres niveles de gobierno, la única atendible.

Que las fobias y las filias hablen después .

Nos leemos el jueves en El Recreo.

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