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26 de octubre

26 de octubre

Instituciones apéndices y políticos logreros

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

El país ha vivido, desde el “acátese, pero no se cumpla” de la monarquía española, teniendo magníficas leyes en condición de letra muerta, uno de los indeseables efectos es la carencia de una sólida cultura de la institucionalidad en los operarios de la política, haciendo de nuestro pueblo, víctima de la ley del más fuerte que lo es a veces gracias a las armas, gracias a la riqueza acumulada o gracias al encumbramiento político circunstancial.

El recuento de las graves violaciones al estado de derecho que inspiran la consulta popular del próximo domingo que abarcan las gestiones presidenciales de Salinas  Peña Nieto, describe a una clase política sin lealtad a propósitos colectivos que pone en práctica el hábito de fungir como apéndice haciéndolo pasar como manifestación de  institucionalidad, cuando eso se generaliza, el derecho es mera prédica, de aplicación selectiva, legitimador de atropellos, tal es historia remota y reciente  a la que queremos poner fin con instrumentos de democracia participativa en armonía con los de la democracia formal, de ese modo, reivindicamos al político leal a propósitos colectivos y al político genuinamente institucional para disponer de una clase política superior a la que en cinco siglos, con intervalos luminosos y excepciones históricas hemos padecido.

Un político sin lealtad duradera a propósitos colectivos es un logrero que puede consumir su vida tras  puestos  menores o mayores, que  para agarrar vuelo necesita proclamar un propósito colectivo y cuando los vientos camban de dirección proclama otro, aunque sea contrario al anterior, el indiscutido prócer de los logreros es Antonio López de Santana, quien parecía que antes de entrar en batalla, lanzaba una moneda al aire para decidir en cual bando combatir; el contrario a un político logrero es el que su lealtad duradera es a propósitos colectivos, que distingue que en las mafias la lealtad es a personas y que en la política honesta la lealtad es a principios y que su apoyo a personas es porque encarna ideales compartidos, un logrero es abandonado por los logreros cuando se convierte en nopal sin tunas, un líder honesto tiene acompañamiento leal, mientras no traiciona el propósito colectivo.

Cuando los partidos adoptaron la idea de que quien manda es el gobernante, introdujeron el virus que ha dejado a la ciudadanía sin peso en esas instituciones, los dirigentes que hacen pasar como manifestación de lealtad al gobernante sus acciones y omisiones son responsables de la nula institucionalidad en los partidos, secuestrados por cúpulas.

 

Voluntad presidencial acotada, voluntad popular regulada

La cultura de indignos apéndices ha sacrificado el desenvolvimiento de las universidades secuestradas por grupos caciquiles con vasos comunicantes con caciques del entorno, los sindicatos han vivido sometidos por “líderes” apéndice del gobernante en turno, o del patrón.

Los diputados suelen practicar la lealtad de mafias, en torno a personas con cargo, no en torno a propósitos colectivos, para verificarlo basta hurgar en votaciones, intervenciones y posturas pública para advertir la distancia con el bien común.

Los mexicanos no debemos perder de vista que los delitos cometidos por actores políticos que motivan la consulta son imposibles de realizar por un solo individuo, que el inventario de atrocidades impunes cometidas en 30 años sería impensable sin el concurso de mucho.

Los órganos electorales, para citar un ejemplo están plagados de apéndices al servicio de intereses contrarios al propósito de elecciones democráticas, hay apéndices sometidos a gobernadores, a caciques, a grupos de interés. El ejercicio legislativo está a cargo de no pocos apéndices que sirven intereses de poderosos económicos y políticos, lo de la compra de votos para entregar nuestro potencial energético es apenas una pequeña muestra.

Los mexicanos nos hartamos del predominio absoluto de la voluntad presidencial, vimos como pasos adelante la introducción de límites a favor del equilibrio, pero la voluntad presidencial ha sido sustituida, justamente en el período de la consulta, por la voluntad de Iberdrola y Oderbrecht, de las multinacionales y una selecta minoría mexicana de adinerados, del crimen organizado y de la élite empresarial de la comunicación, todo ello, en vez de democracia, no dio atole con el dedo y multiplicó la corrupción, todo eso es consecuencia de que no atinamos a abrirle cauce debido a la sustitución de la voluntad presidencial absoluta por la voluntad popular en las decisiones trascendentes.

¿Lo lograremos?

La consulta popular del próximo domingo es una jornada histórica contra la impunidad, contra la ley como letra muerta, contra el político trepador que hace de la traición a los propósitos colectivos su modo de existir.

La voluntad popular es la que puede desplazar a los que convierten en apéndices “del que manda” a las instituciones, para que sean las leyes las que manden en serio.

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