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Incomprensión del Reto

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

La violencia homicida hace de la seguridad el desafío que en la medida que no se supere, seguirá como pesada losa para mantenernos en el crónico estancamiento, el cambio de gobiernos del estado y de los municipios zacatecanos propicia la reflexión sobre lo que debe permanecer y lo que debe cambiar, identificando dos elementos novedosos en el contexto en el que deben desempeñarse los nuevos gobernantes de nuestro territorio que consisten, en que desde que asumió el gobierno López Obrador, la Marina, el Ejercito y las fuerzas federales de jurisdicción civil han dejado ser una fuente de inseguridad más como lo fueron hasta el final de la gestión de Peña Nieto, cuando en Zacatecas secuestraron, torturaron y desaparecieron al igual que las bandas criminales, otro hecho destacable es que entre los zacatecanos va en ascenso la ventilación pública de la inseguridad, particularmente en redes cibernéticas, la prensa misma deja atrás la explicable auto-censura de los primeros años y el tema se aborda con creciente desenfado.

No ha cambiado, para nuestra desgracia la óptica de la clase gobernante local, confunde la política de seguridad con el combate al crimen organizado sin entender que son responsabilidades conexas, pero no idénticas, dando origen a la actitud suicida de desentenderse de la obligación de garantizar la seguridad de los habitantes ante todo lo que la amenace, sean catástrofes naturales, delincuencia común o crimen organizado o cualquier otra eventualidad.

La dependencia respecto al centro ha provocado que desde el centro aporten recursos ayuda según su propia visión y no según el diagnóstico elaborado a partir del territorio nuestro, la claudicación de las autoridades locales se evidencia con la demanda constante de “más presencia” de Ejército, Marina y Guardia Nacional, sin entender lo fácil que es para el crimen organizado entrar en receso mientras baja la presión de fuerzas cuya esencia es itinerante, disponibles para dónde se vean más altas las llamas.

Mutación trágica

Zacatecas tiene medio siglo como territorio del tráfico internacional, en la década de los Ochenta de Villa de Cos partían a los Estados Unidos cargamentos de cosecha de marihuana empaquetada por carreteras y por ferrocarril desde Cañitas, en los Noventa uno de los tantos vuelos procedentes de Colombia con 12 toneladas y media de cocaína aterrizó de emergencia en Sombrerete, hay muchos hechos que nos llevan a la conclusión de que no nos vamos a librar de las operaciones del narcotráfico a gran escala hasta que llegue la solución de fondo.

A lo que si podemos aspirar es a que la seguridad de los habitantes sea restablecida a los niveles en que el narcotráfico operaba sin afectarla, cuando los paisanos Mireles, Bracamontes y Pérez, reclutados por los grandes cárteles, hacían sus negocios sin tener a la gente pacífica con el “Jesús en la boca” porque no ponían derecho de piso a los que se ganan la vida legalmente, que no secuestraban inocentes para financiarse, que no desaparecían personas para la esclavitud sexual y laboral.

Lo que ha sembrado dolor entre nosotros, los zacatecanos, es el recuento de víctimas inocentes secuestradas como represalia por rebelarse ante la extorsión, por jovencitas que desaparecieron para siempre, por los endeudados a perpetuidad para rescatar un familiar de las garras de sus captores y sobre todo, por la amarga sensación de que nuestros seres queridos y nosotros mismos estamos expuestos a que nos ocurra.

La violencia entre bandas está lejos de nuestra posibilidad de ponerles fin, nada impide que los grupos se maten entre sí en lejanías poco pobladas como hace años sucedió en los municipios zacatecanos de Florencia de Benito Juárez y recientemente en Valparaíso, nos damos de santos porque no se enfrenten en discotecas, bares y aeropuertos como les ha sucedió a otros estados .

Es difícil proteger de bandas enemigas al infortunado “halcón” o “burrero”, despachador de narco tienditas o sicario. El que se mete en camisa de once varas impulsado por su necesidad o su ambición no tiene más amparo que su suerte en la dura realidad.

Pobreza hasta para pedir

La interlocución con el gobierno federal será productiva cuando seamos capaces de presentar puntual pliego petitorio en materia de seguridad que conlleve compromiso de involucramiento activo y verificable de ayuntamientos y gobierno del estado, a nada nos conduce aferrarnos a nuestra pobreza petitoria de “más presencia” de Guardia Nacional, Ejército y Marina, esa visión ha fracasado.

La obligación de brindar seguridad a los habitantes no ha sido atendida ni entendida, es hora de menos vehículos para comodidad de jefes y más patrullas, menos aviadores y más policías. más gasolina para patrullar que para legislar

Otra verdad ignorada: En el principio de nuestros males está la impune corrupción pública ¿Quién le entra?

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