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28 de enero

28 de enero

“Herencias malditas” en estados

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

El exgobernador Alejandro Tello nos hizo saber que con el no contáramos cuando declaró: “Yo no tengo problema, yo no la maté”, David Monreal hace lo mismo cuando le traslada a Dios la tarea de encabezar la estrategia de seguridad para el estado, pero no nos equivoquemos, la claudicación estatal no empezó con ellos, lo grave es que continúa.

No tengo cómo sustentar la versión de que Cuauhtémoc Blanco, el exfutbolista gobernador del estado de Morelos, mantiene nexos con bandas del crimen organizado como lo sugieren fotografías y narco mantas sin datos de contexto que den certeza de que no se trata de manipulaciones interesadas, de lo que si hay evidencia es que Cuauhtémoc Blanco nunca cumplió su ofrecimiento de erradicar la corrupción de las instituciones públicas de su estado a pesar de los innumerables escándalos de corrupción en los gobiernos previos a su mandato. Morelos paga muy caro la omisión y entre más tiempo pasa se derrama más sangre y se sustrae más dinero al desarrollo para tratar de moderar la imparable violencia, esa historia se replica en los diez estados más sometidos por las bandas criminales.

La audacia inaudita de depositar los cuerpos de diez jóvenes asesinados por asfixia frente a las sedes del Poder Ejecutivo y Poder Judicial el pasado 6 de enero fue, para los zacatecanos, un mensaje de indefensión que en su precipitado video tempranero, ratificó el gobernador Monreal al dejarnos a los gobernados  “a la voluntad de Dios”, sin algún signo ya no digamos de compromiso sino de entendimiento de lo que está pasando que debe tener alguien que tiene acceso a más información que los demás en función de su puesto.

Si el gobernador de Zacatecas no se mira en el espejo del gobernador de Morelos y no se dispone a enfrentar las redes de corrupción incrustadas en la institucionalidad pública zacatecana, la delincuencia de todo tipo seguirá amargándonos la vida hasta llegar al punto, como sucede en otros estados, en que broten uno o varios cárteles locales para seguir la espiral demencial.

La clave es el cambio verdadero

La corrupción pública para los pueblos es como las enfermedades crónico-degenerativas para los individuos, en su desarrollo dañan órgano por órgano, función por función.

Dice el gobernador Monreal que la seguridad “dejó de ser asunto de estado para convertirse en asunto de todos”, revelando una confusión conceptual de lo que es un asunto de estado que trasciende visiones originadas en intereses de partidos o de gobierno precisamente porque es un asunto de todos, por encima de facciones.

Es verdad que la seguridad es asunto de todos, que involucra al hogar familiar, a la escuela en todos los niveles, al vecindario, a los medios de comunicación, a los cuerpos policíacos, a los tres poderes, a los tres niveles de gobierno, a los partidos, a las iglesias y en general a todos los seres humanos componentes de una sociedad determinada organizada bajo un régimen determinado, para poner en acción a “todos” se requiere organizar la participación en la solución, porque dejar a como a cada quien se le ocurra es simplemente convocar al caos.

El primer obstáculo a vencer es la falta de confianza en las autoridades para que la ciudadanía tenga la certeza de que sus denuncias no detonen la represalia de los criminales como sucede cuando los cuerpos policíacos, el M. P. y los juzgados están sometidos por miedo, interés o ambas cosas de algunos de sus integrantes, para sí convocar a la gente al valor civil pero con responsabilidad, porque lo peor que nos ha sucedido es la parálisis por el miedo, aunque ¿cómo pedirle a los zacatecanos que alce la voz si sus presidente municipales, sus diputados y sus dirigentes partidistas guardan silencio o reclaman que el gobierno federal se haga cargo en exclusiva?

¿Ya recibirían una capacitación básica los presidentes municipales para reaccionar ante emergencias de seguridad? ¿Existe un protocolo básico debidamente asimilado?  ¿Continuarán ignorando su responsabilidad por la seguridad de sus gobernados que les confiere el artículo 21 de la constitución? ¿Los responsables de la seguridad son profesionales de su función o de “lo que usted diga señor gobernador”?

La autocrítica no daña

Jalisco, San Luis Potosí, Guanajuato, Morelos y Zacatecas, entre otros, enseñan que sin erradicar la corrupción pública no se logra el efecto que un individuo logra cuando controla su diabetes, que es la meta realista a la que podemos aspira.

¿Podrá el gobernador emprender la tarea de abatir la corrupción con el personal que seleccionó para que lo acompañen?  ¿Se podrá deshacer de la “herencia maldita” haciendo lo mismo con casi los mismos?

Lo veo difícil.

Hasta Dios dice “Ayúdate que yo te ayudaré”.

Nos encontramos el jueves en Recreo

@luismedinalizalde | [email protected]

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