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El recreo

¿Habrá autocrítica?

¿Habrá autocrítica?

José Luis Medina Lizalde.

Durante muchos años los dueños de medios de comunicación pudieron tolerar periodistas con pocos lectores, radio escuchas y televidentes.

J. Luis Medina Lizalde
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1 de enero 2026

Ojalá que el2026 sea el año de la autocrítica del periodismo.

El despido de Manuel López San Martín como conductor de noticias del Canal 40 confirma que el gremio periodístico no ha evaluado con rigor el cambio de contexto que se produce con el vuelco electoral de 2018. Hasta ahora solo se hace mención al cambio en la relación del aparato comunicacional con el poder público, que a partir del porfiriato y hasta la conclusión del período de Peña Nieto, se convirtió en el pilar financiero principal de periódicos y revistas, radio difusoras y canales de televisión, pero al reducir la evaluación a ese vínculo entre recursos públicos y empresas informativas, se omite otra relación que también se ha transformado: La relación medios de comunicación con el público receptor.

Hay varios elementos a considerar, empezando por la naturaleza de negocio de los medios, lo que hace que las decisiones respondan a la lógica de pérdidas y ganancias. Salinas Pliego se deshace de su fiel escudero cuando el bajo volumen de audiencia no es rentable por insuficiencia de anunciantes, algo similar le sucedió a Carlos Alazraky en su fallida y muy breve incursión en el mismo canal y a Carmen Aristegui en CNN, que la tuvo en su nómina mientras mantuvo altos niveles de audiencia ¿El joven López San Martin se suponía a salvo de la tijera por su activísimo papel en el culto al ego del “Tío Richi”?

Durante muchos años los dueños de medios de comunicación pudieron tolerar periodistas con pocos lectores, radio escuchas y televidentes debido a que su medio era instrumento de gestión de otros negocios del mismo dueño, así consiguieron contratos y evadieron impuestos gracias a que operaron como “cuarto poder”, en la medida que esa llave se cierra la lógica cambia, si el medio no sirve para otros negocios del mismo dueño, entonces la rentabilidad si importa, y es allí donde resalta la importancia de la credibilidad de cada informador y de cada opinador como sustento del medio como tal.

Un columnista con éxito de público y espíritu empresarial rentaba espacio (Los Intocables, columna de José Luis Mejías en Excelsior) o rentaba tiempo en radio y televisión para comercializar directamente sus “servicios”, pero para eso habría que tener poder de “persuasión”, algo que ahora está muy lejos de ocurrir gracias a que los desmentidos y las réplicas son de acceso universal y gratuito muchas veces y a que el poder mediático como tal está severamente menguado en México y en el mundo, lo que dota de gran importancia el factor credibilidad.

Antes, “pegarle” al gobierno era garantía de éxito de público pero ya no, ahora solo es para regocijo de la propia porra, es decir, para los emocionalmente afiliados en contra del gobierno de que se trate pero eso es consumirse a fuego lento salvo cuando los que están en esa condición son abrumadora mayoría, lo que no es el caso del presente.

Confiablidad, la clave

¿Cómo explicar que Claudia Sheinbaum cierre al año con aprobación de 79 por ciento si tiene a tantos conductores de radio y televisión y columnistas atacando un día si y otro también? Precisamente por eso, por integrar coros de campañas negras contra personas y a partir de sucesos aprovechables para golpeteo solo para quedar desmentidos al poco tiempo.

La presidenta no es perfecta pero no existe pueblo alguno que aspire a ser gobernado por perfectos, el sentido común no deshumaniza a quien manda y mucho valora a quien le informa de debilidades, errores, aciertos y fortalezas sin mentir.

La gente no demanda neutrales, apartidistas o “apolíticos”, quiere informadores veraces, honestos y opinadores sinceros, no vendedores de halagos y ataques disfrazados de periodismo.

Se valora al que no engaña sea de derecha o de izquierda o no sepa por donde batear, pero vivimos un ciclo de derrumbe emocional de figuras alguna vez de opinión influyente en el público y ahora cada vez más testimoniales, por eso la inocultable bilis detrás de cada opinión.

Las tecnologías de la información no jubilan al profesional de la información, solo le brindan instrumentos nuevos. El informador puede cumplir su cometido mediante publicaciones mimeografiadas o con programación digital de última generación, pero lo que el público espera es que se le informe con verdad.

Calenturas ajenas

El gremio periodístico suda calenturas ajenas cuando confunde su tarea con la defensa del patrón, pregúntenle al propio López San Martin lo que resulta de eso y que tomen nota los Sarmiento y Alatorre.

Suda calenturas ajenas cuando acepta ser clavo ardiendo los grupos afiebrados por regresar al sitio del que fueron desplazados por decisión del electorado del que reciben halagos porque otra cosa ya no pueden dar.

Nos encontramos el lunes en Recreo

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