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Hablar y callar

Hablar y callar

J. Luis Medina Lizalde

   |  8 octubre, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

Se dice que en la vida “uno es amo de su silencio y esclavo de lo que dice”, también se expresa que “el que calla otorga”. ¿Cuál de los dos dichos orientan la conducta de un político que busca respaldo ciudadano? El tema viene al caso por la acumulación de imputaciones públicas al coordinador del Programa Ganadero de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), las cuales hasta ahora no reciben respuesta de su parte, como si la ciudadanía no tuviera el derecho de saber si dichas aseveraciones son verdades o es linchamiento mediático.

La degradación moral de la vida pública hace de los golpes bajos rutina, la prensa que no corrobora lo que publica y que no rectifica públicamente cuando se equivoca es campo propicio para malas famas inmerecidas, pero en este caso estamos ante un político que se beneficia de un gran cobijo de los medios, a merced de la influencia adquirida por su hermano Ricardo Monreal desde que gobernó el estado, influencia que en estos momentos opaca al mismo gobernador zacatecano si cuantificamos menciones positivas y negativas, si advertimos auto-censura respecto a hechos de interés público, cuya difusión es perjudicial para la marca Monreal, de una porción significativa del periodismo que sería implacable con otros políticos en situaciones similares.

La pretensión de explicar los cuestionamientos a su desempeño como servidor público federal por su condición de aspirante a la gubernatura se derrumba por la procedencia de los denunciantes, ajenos totalmente a la disputa local del poder político, como es el caso de los ganaderos de Chiapas, Oaxaca y Veracruz e inclusive, los humildes zacatecanos que se quejan de que en vez de beneficios, recibieron perjuicios del programa debido a que, según su dicho, les entregaron animales enfermos.

El derecho a replicar

La elegibilidad electoral del coordinador de ganadería cayó en la incertidumbre. Los servidores públicos con manejo de presupuesto tienen que rendir cuenta de lo ejercido, sobre todo cuando hay denuncias puntuales, procedentes de beneficiarios que se consideran defraudados. La Secretaría Federal de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación dictaminarán lo conducente y sabremos si la drástica reducción del presupuesto anual del programa correspondiente a 2020, respecto al anterior, y su eliminación del proyecto del Ejecutivo Federal en el Paquete Económico del 2021 tiene relación con los cuestionamientos. A lo anterior se añade la expectativa de intervención de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) respecto a la canalización de recursos del multicitado programa a una empresa presuntamente “fantasma”.

Cierto que el lodo sigue siendo recurso de inmorales que se valen de perfiles falsos en redes y de cómplices en medios de comunicación cada vez que hay disputa de candidaturas y de cargos, pero de allí a victimizar al aspirante Fresnillense hay un abismo, pues los señalamientos graves que cuestionan su desempeño no proceden de otros aspirantes que a lo que más llegan es compartir las notas que les son adversas, pero no las generan.

Sería muy fácil para el aspirante combatir y hasta capitalizar cada embestida, pero su adversidad deriva de lo que hizo, de lo que no hizo y de cómo lo hizo como responsable de un programa que se colapsó antes que la pandemia interrumpiera los ciclos burocráticos que a lo mejor ya habrían concluido dictaminando inocencia o culpabilidad.

Cuando su hermano Ricardo fue señalado por la bodega repleta de marihuana intervenida por el Ejército, el senador solicitó licencia y acudió a los más importantes medios de comunicación para desmentir la acusación sin fuero de por medio, ¿por qué su hermano David no procede de la misma manera? ¿Acaso confía en que la gente le compra eso de que “lo atacan por ser puntero en las encuestas”?

Manuel Bartlett replicó con una energía inusual a Loret de Mola rechazando sus imputaciones y remitiéndose a la investigación correspondiente, como Ricardo Monreal.

Cuando un político asocia su reputación pública a una institución o causa, tiene el imperativo de asumir la defensa de su buen nombre cada vez que se le calumnia o se le atribuyen fallas graves en perjuicio de intereses públicos. Es el único modo de recibir la solidaridad de sus compañeros de proyecto.

Deber democrático

Callarse es desconocer el derecho a saber de la ciudadanía e imponer a sus correligionarios la pesada carga de su desprestigio.

No aseguro que sea el caso, solo consigno que cuando las imputaciones son sobre hechos de interés público no se tiene derecho a callar, como cuando el asunto pertenece a la vida privada.

La contienda del 2021 es de proyectos. Los zacatecanos decidiremos entre una propuesta de “más de lo mismo” o un cambio sintonizado a la transformación nacional, que tiene como valor superior el de la honestidad. Medicina contra la corrupción.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.

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