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Eso de creer que uno es lo que no es

Eso de creer que uno es lo que no es

J. Luis Medina Lizalde

   |  26 marzo, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

Según texto publicado en New York Times ( “La élite económica que no es” el 17 del presente de Viri Rios, doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard), los empresarios mexicanos carecen de conciencia respecto a los que les beneficia y lo que les perjudica. Estoy totalmente de acuerdo con la columnista.

Cuando existió un vigoroso sector público de la economía tuvo lugar la expansión empresarial mexicana más grande en su historia, la privatización de las empresas públicas en vez de fortalecer la economía de libre competencia implantó la monopolización que acota a la inmensa mayoría de empresas de mediano tamaño así como a las micros y pequeñas, las acciones de fomento desde el estado dejaron de tener como principal destinatario al empresariado mexicano, en todo el territorio los ayuntamientos, gobiernos estatales y funcionarios federales se alinearon a los intereses de las élites inversoras. Constellación Brands, la trasnacional que el pasado fin de semana recibió un esperado revés en la consulta que exigieron y lograron los bajacalifornianos, divulgó un boletín manifestando su disposición al aceptar la invitación a dialogar con el Presidente de la República que el mismo hizo manifiesta cuando anunció la cancelación del proyecto de instalación de la planta cervecera, dejando en ridículo a los que blanden las hachas anticipando retiro de inversiones como manifestación del subjetivo y chantajista argumento de “falta de confianza”, el tono conciliador de la trasnacional cervecera contrasta con la belicosidad de los “más papistas que el papa” del sector privado mexicano que reacciona en automático.

El viejo régimen cultivó la confianza de los monopolios principalmente extranjeros, no de los empresarios mexicanos, introdujo cambios a la Constitución Mexicana eliminando protecciones que tenía la empresa mexicana y poder engullirla sin que metieran las manos más que para aplaudir la política que los arrojó a la condición de parientes pobres del crecimiento económico Fracasaron en la conquista de mercados externos mientras el propio lo perdían a gran velocidad, a diferencia de los empresarios de otros países que se insertaron a la globalización sin perder de vista sus intereses específicos que los hace impulsar hoy libre mercado y mañana proteccionismo según les vaya conviniendo y no casándose con categorías absolutas como suelen hacerlo los empresarios mexicanos.

Recuperar la identidad propia

Como en muchas esferas de la vida mexicana, la cultura empresarial requiere de un cambio profundo que parta de la identificación de sus intereses de sector de corto y largo plazo y con el realismo de saberse parte y nunca el todo de la sociedad, solo así entenderá lo que los grandes inversionistas del mundo aceptan cuando invierten en Canadá, Estados Unidos, Europa y en general en toda sociedad con nivel promedio de democracia a lo occidental, el déficit cultural de los empresarios mexicanos es su endeble nacionalismo que los convierte en “pichones” del capital trasnacional.

En economía y en política, se elige qué inhibir, qué respetar y qué apoyar, solo así se es demócrata o autoritario, estadista o gobernante inercial, impulsor del desarrollo socialmente incluyente o fomentador del crecimiento desigual, cada sector de la sociedad tiene su agenda, pero en el caso de los empresarios se ha impuesto la extranjera, sustancialmente hostil pudiendo ser complementaria.

Respétate para que te respeten

Los inversionistas trasnacionales en México sacan raja del periodismo que los presenta como si fueran buenos samaritanos en busca de pueblos necesitados de empleos y que cuando esos pueblos son mal agradecidos reniegan cuando los despojan de sus aguas, les contaminan sus tierras y les envenenas su aire, pero grotesca visión de la realidad es severamente cuestionada por la mayoría de los mexicanos inconformes con el entreguismo de los recursos naturales de nuestro suelo, subsuelo, aire y mar, trasladados a la esfera de la élite trasnacional sin los límites ni obligaciones de reciprocidad que tienen que satisfacer en sus países de origen.

Para desenvolverse en la globalidad contemporánea el nacionalismo es indispensable, las comunidades empresariales de cada país de Europa así lo entienden, pero en México tantos años de la versión salinista de modernidad contaminó la cultura empresarial con sumisión de colonizado.

Las consultas a las ciudadanías son añeja rutina en países democráticos de reciente implantación entre nosotros, los empresarios mexicanos tienen en esa modalidad una de sus fortalezas si despiertan de la quimera de que pertenecen a una élite que los menosprecia, la recuperación de la soberanía sobre los recursos naturales no les es ajena ni mucho menos hostil.

El comunicado de Constellación Brands muestra respeto y disposición al diálogo, el argumento de la “pérdida de la confianza” lo deja para los más papistas que el papa que nunca faltan.

[email protected] | @luismedinalizal

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