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19 de septiembre

19 de septiembre

Entre el estadista y el cacique

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

David Monreal es percibido como político débil, sin base social propia. En su afán de asegurar su tercera candidatura a gobernador reiteró el mensaje una y otra vez que López Obrador tomó la decisión de su postulación como mensaje que le acarreó apoyo de un segmento que entendió que si así eran las cosas apoyarlo era apoyar a López Obrador. Un segmento más grande le adjudica su postulación a su hermano Ricardo, al mismo tiempo que se le desaloja de las posiciones en la Ciudad de México  con el concurso de los equipos de Claudia Sheimbaum y Marcelo Ebrard, las opciones reales para la sucesión. El coordinador de Morena en el Senado, en la forma de promover a David no le dejó ocupar su propio espacio ante el imaginario colectivo. Otro desgaste demoledor es la operación de su destape mediante flagrantes violaciones a varias cláusulas de la convocatoria y el reconocimiento judicial de la Comisión de Elecciones de que nunca hubo encuesta.

Su triunfo en las urnas le brindó la ocasión de por fin, ocupar su propio espacio y trascender la sombra de su hermano, pero muy pronto se generaliza la versión de que las decisiones importantes corren por cuenta de Julieta Del Río y Verónica Díaz, fortaleciendo, con la integración de la comisión de recepción la percepción de que él anuncia decisiones que otras personas toman, percepción anidada, por cierto, en destacados actores políticos y medios de comunicación que se la jugaron con él.

El anuncio del gabinete se espera con la predisposición colectiva a interpretar cada nombramiento de otros estados como cuadro del Senador, lo mismo sucederá si se nombra a visibles allegados a su hermano Ricardo o las dos mujeres empoderadas, circunstancia que refleja que corremos el riesgo de otro gobierno débil, abrumado por conflictos sociales y por la captura del territorio por la delincuencia organizada.

A nadie le conviene la debilidad política del gobernante, ni siquiera a sus adversarios más emocionales.

El temperamento chicharronero  y el civilizado

Existen dos recetas contra la debilidad, una tiene como emblema a Rubén Figueroa, cacique arbitrario y majadero que cuando algún periodista le preguntaba el fundamento legal de una decisión invocaba el artículo cero de la Constitución y si el periodista no sabía cuál era añadía “por mis huevos”.

La otra receta, concebida por el genio político de Don Jesús Reyes Heroles reza que “es mejor hacer de un buen presidente municipal un buen amigo que hacer de un buen amigo un buen presidente municipal”.

David Monreal deberá uno de los dos modelos contrapuestos, si se inspira en el guerrerense gobernará con el síndrome de “aquí nomás mis chicharrones truenan” ejercerá atribuciones que la ley no le reconoce y se le hará normal someter legisladores, jueces y presidentes municipales, imponer candidatos y mangonear partidos, lo acatarán los que carecen de comprensión de la institucionalidad en aras  de “llevar la fiesta en paz” o  ser gratificados en su indignidad servil, con la anulación cotidiana y encubierte de la legalidad.

El modelo “Reyes Heroles” le servirá para alcanzar la “legitimidad secundae”, la que se cosecha en el desempeño del cargo, distinta y más decisiva de la legitimidad de origen

El modelo Reyes Heroles se vale de la comunicación con los actores políticos, con cargo o sin él, se pondrá de acuerdo sobre cómo vivir los desacuerdos y no utilizará recursos públicos para “maicear” y se abstendrá de tomar represalias en contra de quienes ejercen su derecho a pensar con su propia cabeza, sean políticos o periodistas.

El modelo Figueroa es para personalidades inseguras, paranoicas y manipulables por “las burbujas”, son los que pasan a la historia por autoritarios y desordenados, el político de modelo opuesto asume el reconocimiento de sus obligaciones y facultades plasmadas en la ley, sabe su mando tiene límites, construye acuerdos y conforma equipo con los que le garantizan lealtad institucional y capacidad operativa.

Los gobernadores de Zacatecas tienen historial de imponer magistrados, órganos constitucionales autónomos y hasta mandos administrativos en la legislatura, los favorecidos a su vez abren las nóminas a allegados propios y recomendados, ese esquema mantiene en crisis crónica las finanzas públicas del estado y municipios, los políticos rentan inmuebles al gobierno en el que participan despreocupados de conflicto de interés.

No más distraídos en minucias

Tener al gobernante pendiente de imponer al jefe de grupo de segundo “A” de la prepa dos nos ha puesto en manos de gobernantes distraídos, incapaces de distinguir lo principal de lo secundario.

Los gobernantes eficaces son los que cada acción, cada decisión, las sustentan en la legalidad y los legítimos acuerdos, el modelo Figueroa nos instala en al atraso, aprendamos de Reyes Heroles.

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