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El sistema electoral al banquillo

El sistema electoral al banquillo

J. Luis Medina Lizalde

   |  16 julio, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

La lucha contra la impunidad registra impresionantes avances con la aprehensión con fines de extradición de César Duarte y con el consentimiento de Emilio Lozoya para responder ante la justicia mexicana. Los dos tienen un común denominador: los cargos que habrán de enfrentar constituyen los golpes más severos contra la corrupción electoral en la historia de México.
Nótese la inoperancia de los carísimos órganos electorales federales y estatales, tanto para prevenir como para castigar hechos de esta naturaleza.

Lozoya responderá por el suministro de dinero privado a cambio de favores posteriores, en este caso de Enrique Peña Nieto y César Duarte, por el desvío de recursos públicos para los mismos objetivos, es el esquema de asociación de dinero público-privado fuera de la ley el que será a sometido a juicio lo que nos da la ocasión ideal para que los mexicanos tomemos conciencia de la enorme simulación de democracia que tantos falsos prestigios generó entre intelectuales y académicos legitimadores de la ficción.

Es necesario partir de la comprensión de que no estamos ante hechos y conductas aisladas; en realidad, tanto Duarte como Lozoya hicieron lo acostumbrado a partir del pacto del PAN con Salinas de Gortari, las convicciones fueron sustituidas por los intereses y se gestó la política de decidir entre cúpulas aceitando el entendimiento con el acceso convenido a espacios de poder; el uso ilegal de recursos públicos dejó de ser práctica exclusiva del PRI y el PRD no tardó en hacer lo mismo.

El brasileño Odebrecht y el Argentino Carlos Ahumada son los de más alta resonancia de los que metían dinero a candidatos para luego ser retribuidos con ventajosos contratos, pero ese esquema se propagó rápidamente a cada estado y a cada municipio. Por esa vía hizo metástasis la gigantesca corrupción que sumió a México en una situación de la que tardaremos años en salir.

Cuando el PRI dominó la escena eran más baratas las elecciones, si se le metía dinero público a los candidatos y si no faltaba el notable del condado que ofreciera un banquete al prócer que buscaba el voto, es hasta que aparece la verdadera competencia electoral cuándo se disparan los costos de campaña, hay que pagar y bien por la cobertura informativa, los genios de la mercadotecnia se ponen de moda, el electorado que recibe despensas por “jalar” ya no se conforma con poquito, todo eso se sufraga con la prerrogativa oficial y lo que por debajo del agua aportan gobiernos de los tres niveles.

Órganos atrofiados

La alternancia en la Presidencia de la República coincide con la expansión de la corrupción electoral: a Fox le toca el más reciente auge petrolero que en gran parte se traslada a los estados en época sin controles rigurosos de la ruta del dinero, los más despiertos del sector privado empezaron a tejer relaciones de la misma naturaleza que Odebrechet y Ahumada y los gobernadores radicalizaron su intervención en los procesos electorales, entre los funcionarios se repartían territorios para operar y el voto se fue encareciendo a lo grande.

Las privatizaciones de empresas y bienes públicos que se impusieron desde los grandes organismos financieros a los países endeudados, México entre ellos, produjo una camada de mega- ricos debido a que en México el traslado de patrimonio público a manos privadas fue muy corrupto.

La fuente permanente de dinero mal habido comienza con la canalización de recursos privados ilegales a las campañas para dar vida a un complejo entramado de acuerdos y negociaciones, empresas fantasmas y prestanombres que hacen muy lucrativa la política.

Elecciones corruptas engendran gobiernos corruptos

Cuando la corrompida clase gobernante agota el patrimonio público privatizable todavía dispone del listado de permisos, concesiones, licitaciones, compras, contratos, plazas laborales etcétera que la ley pone a su arbitrio, tal esquema ha estado vigente a partir de la corrupción electoral en la que al igual que con el crimen organizado trabajan en complicidad ciertos empresarios y políticos, por tal razón es imperativo que los sendos juicios que habrán de enfrentar el exdirector de Pemex y el exgobernador de Chihuhahua desmantelen de una vez para siempre el esquema de corrupción electoral que no inventaron ellos y que si nos descuidamos no terminará con la sentencia que reciban.

Acabar la corrupción electoral es paso decisivo para desarraigar la corrupción en el país y en Zacatecas estamos en la fase de calentamiento y ya asoman la cabeza los que operan desde cargos públicos y los que pasan la charola a los de la iniciativa privada para hacer lo que saben hacer, es hora de detenerlos

Duarte y Lozoya son los primeros delincuentes electorales de peso que caen a prisión, aún faltan otros, incluyendo algunos “valores locales”.

[email protected] | @luismedinalizal

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