

La educación primaria suele sentar bases sobre los conceptos de oración y sus partes, así como elementos formados a partir de la combinación de éstas.
En el actual sistema educativo mexicano parece difuminado un proyecto de enseñanza de redacción y corrección de textos. Las carencias en comprensión lectora y promoción de la lectura están relacionadas con esta problemática.
En efecto, la educación primaria suele sentar bases sobre los conceptos de oración y sus partes, así como elementos formados a partir de la combinación de éstas: sujetos, objetos directos, objetos indirectos, complementos circunstanciales… pero sin darle un seguimiento en los niveles inmediatos posteriores.
En secundaria se instruye sobre oraciones principales y subordinadas. En bachillerato se asume que el estudiante domina ya la redacción y se le imparte una asignatura generalmente llamada “Taller de Lectura y Redacción”, aunque con frecuencia ésta puede tratarse más de un curso, más de dominio de teoría, que propiamente un taller. Además, hay que considerar quiénes son los profesores de estas asignaturas y qué perfil profesional poseen.
Los actuales planes y programas de estudio en torno al área Español contemplan, pues, en Educación Básica el estudio de la Morfología; y en Media Básica, continuación de la preceptiva, historia de la literatura y análisis morfosintáctico.
Educación Media Superior integra Talleres de Lectura y Redacción que suelen reducirse a estudios de algunas obras literarias y redacción de resúmenes. Esta inadecuación de contenidos respecto a la formación de competencias composicionales en los ámbitos oral y escrito se une al retraso acumulado en ciertos conocimientos que se supone deben revestir quienes ingresan a Educación Media Básica, Media Superior o Superior.
Muchos docentes de asignaturas relativas al Español no se desligan de vicios de redacción y expresión oral. Así contribuyen a oficializar errores ortográficos y errores al hablar. Nuestra cultura comunicativa no sólo ha difundido, sino también tolerado dichos fallos.
La construcción de una cultura comunicativa en esta nación viene afectada desde su raíz, transtornada desde la misma adopción de metodologías de enseñanza sobre todo en las escuelas normales y más recientemente en universidades, donde se asume que las competencias de redacción vienen dadas desde la formación académica anterior.
El problema no radica tanto en los profesores de primaria, quienes se esfuerzan por que los alumnos distingan sujeto y predicado; en los de secundaria, quienes buscan que sus alumnos distingan a Shakespeare de Cervantes; o en los de preparatoria, quienes supervisan que los resúmenes de Fuenteovejuna o el Libro de Buen Amor no hayan sido descargados de Internet. El problema no radica en los profesores universitarios quienes siguen a pie juntillas lo que consigna su plan de estudios de Expresión Oral y Escrita: Enseñar los tipos de comunicación, las partes de un currículo o un correo electrónico.
El problema se localiza entre una tradición pedagógica inadecuada, planes de estudio que no se enfocan en las competencias básicas de verbalización del pensamiento y cierto estancamiento teórico en el área de Expresión oral y escrita.
Se hace necesario generar una intervención didáctica que realce el reconocimiento de los recursos y mecanismos mínimos de la forma oral y escrita. Es preciso que los alumnos lleguen a la comprensión de lo que quieren decir y cómo quieren decirlo, y que la corrección, la reformulación, les ayude en torno a ello.