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Rebelde indiferencia

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Sigifredo Noriega Barceló.

A mediados del siglo pasado anduvo de moda la expresión ‘rebelde sin causa’. Quiere decir que había rebeldías con causa justa, comprensibles, aceptables. No recuerdo bien si la rebeldía tenía como objeto posicionarse ante causas sociales, familiares, personales, o era simplemente una manera ociosa de sumarse a la corriente del momento para hacerse notar.

La rebeldía se expresaba en formas y espacios diferentes; iba desde la manera desgarbada de ser, vestir, hablar, cantar, hasta la toma de las armas para defender o afirmar ideales, ideologías, intereses. La protesta era la manera común de decir a los cuatro vientos que no se estaba de acuerdo con alguien/algo/nadie/nada. Los rebeldes siempre han existido, con causa o sin causa. Ser rebelde es un riesgo esperado y calculado por el hecho de ser libres y tener libertades.

La palabra-realidad de la rebeldía habla de resistencia, desobediencia, hostilidad, indignación, increencia, desconfianza, oposición, toma de posición; también de sublevación ante personas/situaciones tan diversas como la autoridad, la mediocridad, la nada. El diccionario refiere rebeldía a la acción propia del rebelde; rebelión a la acción y efecto de rebelarse. La etimología de rebelde (re-bellum) habla de ‘volver hacer la guerra’. La agresividad -en cualquier forma- es parte de la rebeldía.

En la Palabra proclamada domingo pasado Ezequiel habla de pueblo rebelde y raza rebelde. El sacerdote-profeta recibe la no tan agradable encomienda de guiar al pueblo del destierro en Babilonia a su tierra Israel para reconstruir su identidad y misión de pueblo elegido. No todos le creyeron; es más, lo despreciaron y persiguieron La libertad de la fe-obediencia puesta a prueba. El profeta no se desanima y cumple su misión a pesar de la hostilidad de sus paisanos.

Jesús usa una frase conocida para referirse a sus paisanos y familiares rebeldes: “Todos honran a un profeta, menos los de su tierra”. Las reacciones de sus paisanos pasan de la admiración al desconcierto, del cuestionamiento de su origen -en el texto hay cuatro preguntas sobre su honorabilidad- al rechazo. Aunque Jesús lo percibió no se dio por vencido; así lo indica el Evangelio al decir que “luego se fue a enseñar en los pueblos vecinos”.

¿Seremos más/menos rebeldes hoy que antes? Depende. Los modos de expresar las rebeldías son muy variados y con finalidades disparejas. Las rebeldías siempre han existido y existirán mientras haya personas libres y… con ‘aspiraciones’.

Creer/aceptar/encontrarse con Jesús transforma la vida de quien se toma en serio. Los desafíos de creer en Él no son muy diferentes a los de aquellos tiempos. Quizás hoy tengamos que hablar de una indiferencia indiferente, amorfa, light, sin compromiso… Creer o no creer en Jesús tiene -debería tener- sus consecuencias en la salud del tejido social. Ojalá nosotros sí honremos a Jesús en la tierra que habitamos. Que se note en la forma de ‘hacer comunidad’, trabajar por la paz, interesarnos por el medio ambiente, ser solidarios y crear fraternidad. La indiferencia convertida en apatía es la peor de las rebeldías sin causa.

Con mi afecto y bendición.

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