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Populismo, oposición y epidemias

Populismo, oposición y epidemias

Antonio Sánchez González

   |  16 octubre, 2020

Antonio Sánchez González.

A mediados de agosto, el director del Departamento de Emergencias Sanitarias de la OMS, Mike Ryan, dijo, “Lo más probable es que la epidemia en México está subestimada, las pruebas son limitadas a 3 por cada 100000 personas por día, número que se puede comparar con más de 150 por cada 100000 personas en Estados Unidos “.

México está entre los 10 países más afectados del mundo por la pandemia de COVID-19 por el número de casos -cerca de 825000- y más de 84000 decesos. El mismo médico, al hacer un llamado a nuestras autoridades sanitarias para cambiar la estrategia utilizada hasta la fecha para enfrentar la epidemia, entonces describió lo que ya todos sabíamos: que ciertos días el porcentaje de pruebas que dan positivo en México llega al 50%, “lo que -en sus palabras- significa que mucha gente no está bien diagnosticada o se diagnostica tarde”. La epidemia en nuestro país muestra una clara diferencia de mortalidad entre los residentes de los barrios acomodados y los pobres del país; según la OMS, entre los mexicanos pobres, a los que el presidente López Obrador dice servir, la gente tiene hasta cinco veces más probabilidades de morir de COVID-19.

En consecuencia, como en realidad sucede, la paralización de la actividad económica por la pandemia ha pintado un escenario desolador para México. Los indicadores macroeconómicos del pasado trimestre muestran el impacto recogido de los daños derivados de una situación como la que nos acontece desde marzo. Un escenario que muestra una contracción sin precedentes en la historia del país, situando a México, junto a otras economías, entre las 3 o 4 que encabezan este ranking, debido a la magnitud de dicha contracción, así como el deterioro de la actividad económica; una caída que, debido a su magnitud, sitúa al país únicamente por detrás de Reino Unido, entre los países miembros de la OCDE.

Variables como el empleo o la propia actividad empresarial, han acusado ese deterioro de la misma forma que, por otro lado, muestra el PIB; este mismo escenario es muy preocupante, puesto que estamos ante la quinta contracción trimestral consecutiva del PIB mexicano, encarrerados desde 2019 en un deterioro que ya venía acusándose desde el estancamiento que vivió nuestra economía mucho antes de que iniciara la epidemia, como consecuencia del caótico manejo de la política económica llevado por López Obrador.

Y luego, de acuerdo con expectativas de la CEPAL dadas conocer hace dos meses, la crisis económica desatada por el coronavirus en el mundo dejará a millones de personas en pobreza extrema, y México, que inició nuestra crisis económica meses antes de que nos arrasara esta pandemia cuyo manejo ha sido muchas veces cuestionado, será el país con mayores tasas de crecimiento en las cifras de miseria de todos los países de América Latina en 2020, muy lejos de las promesas de campaña del presidente.

Y por último, la represión de las libertades individuales: en los últimos meses hemos presenciado el ataque sistemático contra la prensa en general y contra muchos periodistas y organismos de la sociedad civil en lo particular, desencadenado en el momento en que se atreven a señalar actos de corrupción o detalles de la mala gestión gubernamental.

A pesar de todo, el presidente sigue presumiendo sus cifras de aprobación que, aunque han caído se mantienen en niveles inesperados con los que muy probablemente pueda ganar las elecciones intermedias del próximo año, para sorpresiva sorpresa de la oposición.

El golpe populista tardó en llegar a México (incluso después que a Estados Unidos), considerando cuántas razones tenía la sociedad para sentirse agraviada, y cuando llegó, López Obrador ha desempeñado un papel catártico de todas las frustraciones del México al que nadie volteaba a ver.  La actual oposición no ha comprendido por qué ganó López Obrador. Y un signo lamentable de ello es que cuando lo critican en el fondo critican las actitudes que ellos mismos personalizaron durante décadas, mucho antes de que la gente votara en 2018. Desde entonces y hasta ahora, muy a pesar de las consecuencias, el presidente es la personificación del cambio en el que se quiere creer.

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