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Normalidad digital

Normalidad digital.

Jaime Santoyo Castro

   |  15 junio, 2020

Jaime Santoyo Castro.

Muchos de los que nacimos en el siglo XX nos habíamos incorporado tímidamente al uso de las tecnologías digitales, sólo cuando las circunstancias nos obligaron; es decir, nos resistimos lo más que pudimos, con el argumento de que “eramos de otros tiempos”, pero el desalmado coronavirus nos empujó al universo de la
digitalidad.

De repente ya no pudimos asistir personalmente a las escuelas, eventos sociales, deportivos, religiosos o culturales; ni a centros comerciales, congresos y conferencias, sucursales bancarias, u oficinas de gobierno, etc.

El confinamiento y la sana distancia nos despertó en una nueva era que ya era parte de nuestra existencia, pero que
no queríamos ver. Por eso los jóvenes y las instituciones educativas no batallaron y rápidamente establecieron
sistemas de clase en línea que permitieron continuar con los programas académicos, convivencia maestro alumno y graduaciones virtuales, sin disminuir la calidad y aminorando gastos.

Desde las instancias gubernamentales y particulares se impulsó el “trabajo en casa”, y se aprovechó para que los grupos de trabajo sesionaran de manera virtual, convirtiendo la digitalidad en un formidable instrumento democrático de comunicación y acercamiento entre gobernantes y gobernados, pues nuestras autoridades pueden estar presentes en cualquier lugar interactuando con los pobladores sin necesidad de trasladarse ni armar
costosos escenarios. La gente puede comunicarse y hacer gestiones desde su lugar de residencia sin necesidad de gastar en recorridos ni hacer filas.

Los integrantes de sociedades mercantiles, civiles, asociaciones, etc., pueden celebrar asambleas a distancia sin necesidad de reunirse físicamente. Los órganos legislativos locales y federales pueden ensayar la celebración de sesiones virtuales evitando gastos y riesgos de traslado, como también lo pueden hacer los órganos colegiados de impartición de justicia.

Ya los comerciantes lo están haciendo: Venden sus productos por internet sin instalar tiendas ni aparadores de exhibición.

Las instituciones médicas pueden dejar de referir a los pacientes de un nivel de atención a otro consultándolos a distancia con el apoyo de la tecnología, incluyendo los auxiliares de diagnóstico.

Las asociaciones religiosas seguramente ya están pensando en sistematizar las ceremonias eucarísticas por internet.

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