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Mi delito… ser hombre

Mi delito… ser hombre

Ivonne Nava García

   |  20 septiembre, 2020

Historia de Lobos.

La violencia en el hogar pareciera estar cada vez más al alza. La pérdida de valores, la falta de empatía, el nulo respeto y la falta de control de los impulsos agresivos, tiene como consecuencia que muchas parejas convivan en medio de la violencia.

Esta situación no es exclusiva del sufrimiento en la mujer. Los hombres también la padecen, pero el silencio en estos casos impera por la vergüenza y porque erróneamente se cree que no es correcto que los hombres expresen sus problemas.

Esta historia es de un hombre de 55 años de edad, quien durante los últimos 15 años de su matrimonio ha padecido constante maltrato por parte de su esposa.

La última vez tuvo que ser trasladado al hospital por una falla cardiaca, después de mantener una discusión muy fuerte con su mujer.

Hace 25 años

Cuando uno se enamora y anda de novio, a veces no se da cuenta de que hay actitudes que a la larga se convertirán en graves problemas.

Al principio mi esposa era muy celosa y para que le miento, a mí me gustaba porque sentía que me quería mucho. A
veces hasta me gustaba hacerla enojar dándole “piconcillos”. No pasaba de ahí. Se enojaba y me decía que, “qué les miraba a las  viejas, que si ella no me gustaba o qué”.

Nos casamos y sí teníamos nuestros problemas. Ella se hizo muy posesiva, y del trabajo a la casa. Muchas veces me caía en el  trabajo y me decía que para que las “viejas aprontonas” no se me arrimaran.

Siguió nuestro matrimonio y me dio 4 hijos. Ya ve cómo van  quedando las mujeres de su cuerpo, eso a ella la hacía sentir muy mal y fea. Me decía que de seguro yo me iba a conseguir una que no tuviera panza y que estuviera flaca.

Luego empezó con que yo me iba a conseguir a una más joven,  pero yo le juraba que a mí me gustaba ella. Y de verdad, a mí me gustaba mi “vieja”.

Vida cotidiana

Yo seguía muy enamorado de ella. Para que le miento, me gustaba mucho la intimidad con mi mujer y no necesitaba andar buscando a nadie, porque lo que yo quería lo tenía en mi casa.

Los fines de semana nos poníamos a tomar, a ella le gustaba mucho cocinar y los fines de semana hacía cosas especiales como ramalitos, mole, pozole, y desde temprano agarrábamos la tomadera. Luego les llamaba a los compadres y “echábamos cuba”.

Casi siempre terminábamos muy borrachos y el domingo ella no se levantaba, yo la cuidaba y hasta le llevaba de comer a la cama.

Celos

Un día se le ocurrió decir a mi comadre, que como le hacía yo para seguir viéndome muy guapo. Nunca nos imaginamos la reacción de mi mujer. Se le fue a los golpes, entre el compadre y yo se la quitamos, estaba irreconocible. Le decía cosas muy feas y de plano la corrió de la casa. De ahí yo noté que mi “vieja” cambió para mal.

La llegué a descubrir que me seguía, como que se enfermó de celos. Dejó de querer tener intimidad conmigo, me insultaba muy feo. Me revisaba la ropa. Me fiscalizaba mi sueldo y quería cuentas exactas de todo lo que ganaba y gastaba.

Pleitos

Los hijos fueron creciendo, pero también los problemas que teníamos ella y yo. Cuando cumplió 40 años se transformó.

Se empezó a volver muy violenta. Me contaba el tiempo del  trabajo a la casa y si me tardaba de más, así fueran 10 minutos, empezaba a gritarme que donde fregados estaba, pero con peores
palabras.

Para ese tiempo mi hija la más grande tenía 18 años y el más chiquillo 10. Mis hijos le decían “no empieces mami” y también en contra de ellos se iba. Les decía que eran mis “alcahuetes”. Que de seguro ya conocían a mi amante y empezaba a decir muchas  incoherencias.

Yo hasta entonces no le decía nada por no hacer más grandes los pleitos, pero cada vez era más ofensiva, hasta eso le molestaba. Me seguía insultando, me decía que era un “pazguato” que ni para defenderme servía. Insultaba a mi mamá, me decía que de seguro era hijo de un burro y así muchas cosas.

Embarazo

En una de esas que medio queríamos arreglar las cosas, resultó embarazada. De repente me cayó como agua helada la noticia, pero luego me dio gusto, porque pensaba que con eso ella se iba a tranquilizar un poco.

Resultó peor, empezó a tener mucho vómito y de todo se enojaba, se le bajaba mucho la presión. El problema es que se exaltaba demasiado. Como a los 2 meses y medio de su  embarazo perdió al bebé. Me empezó a culpar a mí, me decía que porque yo la hacía pasar muchos disgustos.

Grave agresión

Poco después de que perdió al bebé, los pleitos se volvieron cada vez más infernales. Me  agredía físicamente con cualquier cosa que tuviera a la mano. Me lo aventaba o de plano se me dejaba ir a los golpes.

Yo la controlaba, le decía que se calmara, que se iba a enfermar, pero ella parecía estar enferma pero de odio y de coraje. Los reclamos siempre eran por mujeres que no existían. Se imaginaba que yo la engañaba con cualquier mujer. Me dolía mucho porque yo la amaba a ella nada más, no tenía ojos para ninguna, todo mi sueldo era para ella y mis hijos. Mi familia es toda mi vida.

Separación

Mi familia me decía que me separara de ella, pero cómo la iba a dejar si me dolían mis hijos. Nada más en pensar en no verlos a ellos ni a ella se me partía el corazón. Por eso le aguantaba.

Así seguimos 8 años más, pero cada vez estaba peor de enojada y cada vez que discutíamos a ella le daban como crisis de histeria o algo así y comenzaba a gritarme un montón de cosas que me dejaban muy mal. Aventaba cosas de la casa, trastes, muebles y todo pateaba. Luego tomaba sus cosas y se iba a la casa de sus papás y se llevaba a mis hijos.

Los más  grandes ya no la seguían y les decía que eran unos traidores. Yo no aguantaba y hasta allá llegaba yo a buscarla y volvíamos. A veces, cuando discutíamos yo también le respondía
los gritos y nos agredíamos psicológicamente.

La última vez ella intentó golpearme en la cabeza con una llave para el gas pero sólo alcanzó a pegarme en la cara. Quedé con un moretón que casi me reventaba toda la cara. Para calmarla yo la tomé fuerte de los brazos y hasta la aventé, se le hicieron unos moretones en los brazos y otro grande en una pierna. A mí me dio taquicardia y se me subió mucho la presión, duré tres días internado en el Seguro.

A la cárcel

En esos tres días me denunció, con esos moretones fue a decir que yo la golpee, que la intenté forzar para que tuviéramos relaciones sexuales y que ella se defendió. Como a los cinco días llegó por mí la ministerial.

Mis hijos estaban desconsolados y ella se burlaba, me decía que para que se me quitara, que ojalá me pudriera en la cárcel. Créame, no me dolió que me detuvieran los policías, me dolió que hubiera sido ella, mi esposa y con mentiras. Yo solo pensaba en mis hijos en que ya no
los volvería a ver.

Un año después

Un año duró mi calvario en la cárcel. Mis hijos y mi familia se movieron como pudieron para sacarme de ahí y demostrar mi inocencia. Ella ya andaba moviéndose para vender la casa. Esa casa es para mis hijos. Yo nunca quise hacerle daño, ni se lo hice. Yo terminé enfermo de la diabetes.

Perdí mi trabajo, que pude recuperar cuando todo se aclaró. Ahorita mis cuatro hijos viven conmigo porque ya no quisieron saber nada de su madre. Ella se regresó a vivir con sus papás. Pero a mí me han dicho que la tienen ahí por lástima, para que no ande rodando. Yo no
le deseo ningún mal.

Hombres agredidos

Dentro de la violencia intrafamiliar, existen hombres que son agredidos física, psicológica y hasta sexualmente, pero por distintas razones ellos no denuncian las situaciones de abuso. ¿Por qué no lo hacen? Por creer en la ideología patriarcal que les impone estereotipos rígidos al varón con respecto a lo que se espera de él como hombre fuerte en la relación de parejas.

El ser golpeado o maltratado psicológicamente, implica no cumplir con el estereotipo.  También influye, el que no exista una institución exclusiva para ellos.

Puede suceder que tampoco denuncien por vergüenza, o por creer que no les creerán. Los  abusos se presentan en diversas circunstancias, cuando el varón llega pasado de copas a la casa, cuando la mujer gana más que él, cuando ella tiene alguna psicopatología como la celotipia o cuando la mujer es más grande físicamente o simplemente porque la mujer no
puede controlar sus impulsos agresivos.

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