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¿Más de lo mismo?

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José Luis Medina Lizalde
José Luis Medina Lizalde.

Zacatecas va en camino de un sexenio de “más de lo mismo” independientemente de quien gane, no solo por los políticos reciclados en el chapulinismo desbordado, sino por la pobreza discursiva con la que buscan cargos legislativos y ejecutivos, son contadas las personalidades que acreditan pensamiento articulado sobre la realidad del estado y sus municipios.

La enumeración jerarquizada de los problemas está ausente en las declaraciones, debates y publicaciones de candidatos. En todo el país, incluido nuestro estado, sobresalen los que pierden el sentido del ridículo a la hora de acercarse a la gente.

Seguramente no es comportamiento nuevo, creo que es al amplio acceso a las redes lo que nos permite conocer la impreparación, la vulgaridad y frivolidad de quienes piden la oportunidad de ocuparse de responsabilidades públicas sin capacitarse elementalmente, la facilidad de pagar a otros para que piensen por el candidato causa estragos en la vida pública, pues no son los autores de propuestas y diagnósticos, de artículos periodísticos y hasta de libros, los que accederán a cargos otorgados con los votos, llegarán los que alardean de tener propuestas (alquiladas).

La más poderosa fuente de males sociales en Zacatecas es la corrupción pública, así como el sistema de agua potable tiene fugas apreciables en la superficie y fugas ocultas bajo el suelo, la corrupción pública se puede clasificar en corrupción obvia y en corrupción oculta.

La obvia es parte de la conversación pública y la corrupción oculta es la que solo desde adentro de las instituciones se conoce, en la medida que los candidatos muestran lejanía, con el tema de corrupción, anticipan un período más de inercias.

Stripers, cabalgatas, cantantes

Los discursos de campaña, a lo más que llegan, es a denunciar hechos reales o falsos de corrupción de sus adversarios en forma descontextualizada, omitiendo que la corrupción pública de individuos es de imposible realización sin el concurso de otros, a diferencia de los delitos que un individuo puede cometer por su cuenta y riesgo, como el delito de violación.

Por ejemplo, he escuchado decir a candidatos que su campaña es de propuestas y no de ataques, como si la propuesta pudiera desconectarse de la situación que se busca corregir, mejorar o erradicar. No es por temperamento “bonachón”, sino porque se saben con cola que les pisen y prefieren no escupir al cielo; otros, rehúsan el compromiso con enfrentar en el cargo lo que denuncien en campaña.

Los candidatos a legisladores no tocan el tema de la obvia corrupción en el poder legislativo zacatecano, donde a ojos vistos algunos trasladan recursos a campañas por concepto de viáticos y gastos de representación ni manifiestan postura ante el entendimiento corrupto del Ejecutivo y el Legislativo al otorgar las millonadas anuales que debieron desaparecer cuando se suprimieron las “herramientas legislativas”.

Tampoco se ocupan del destino de lo que desde hace 21 años se recauda por concepto de “impuestos sobre nómina”, a pesar de la reiterada denuncia de desvío para gasto corriente.

Bueno sería también, si hay alguna historia de corrupción oculta en el manejo de ese impuesto que si se recauda pero que nadie puede saber si se entrega en su totalidad al fideicomiso correspondiente

¡¿Qué tal si pasa lo que con el impuesto para la UAZ?!

Ser respetuoso del adversario es una frase bonita detrás de la cual se esconde la falta de contenido de un político. No es lo mismo ser prudente que medroso, decir verdades responsablemente es civilizado; ocultar la realidad no lo es.

El ego es el motor del llamado a votar, ni siquiera la plataforma registrada, el mensaje proselitista gira alrededor de atributos personales, la decadencia solo podrá ser revertida por la conciencia pública alimentada por el valioso periodismo sin matraca que afortunadamente existe y por el uso de las redes de la ciudadanía interesada en ser protagonista del destino social.

Zacatecas ha tenido mala suerte, candidatos y órganos electorales comparten del desdén por auténticos debates, no alcanzan a vislumbrar que el intercambio de posturas concreta el derecho del electorado a informarse sobre capacidades, temperamentos, cualidades y defectos de quienes piden el voto.

Prevalece la noción de que los “punteros” no deben debatir para no arriesgarse, de ese modo la libran los ignorantes, los de trayectoria cuestionable, los que no controlan sus nervios y aspiran a gobernar.

La actuación del IIEZ como órgano electoral refuerza la hegemonía de la mediocridad.

¿Sin opción de cambio?

El daño ocasionado por el chapulinismo y el desprecio por la ideología se traduce en gobiernos inerciales que solo administran los males heredados.

La historia electoral del mundo registra muchos casos en que los electores optan por lo que consideran el mal menor. Zacatecas va en ese camino,

Nos encontramos el jueves en Recreo.

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