La 4T no ha sido realmente transformadora

La denominada austeridad republicana redujo el gasto gubernamental y eliminó privilegios de altos funcionarios, buscando pero no logrando crear una administración más eficiente.

La Cuarta Transformación (4T) de Andrés Manuel López Obrador ha traído cambios significativos a México, pero ¿han sido realmente transformadores?

La denominada austeridad republicana redujo el gasto gubernamental y eliminó privilegios de altos funcionarios, buscando pero no logrando crear una administración más eficiente. Los recortes al presupuesto federal redujeron los recursos en áreas críticas como la educación y la salud. Además, las rebajas salariales generaron descontento entre muchos funcionarios de medios y alto nivel.

En cuanto al combate a la corrupción, se fortaleció la lucha contra la impunidad de algunos funcionarios, pero no se logró aumentar la confianza pública en el gobierno. Además, la actual administración ha sido criticada por la falta de transparencia en la adjudicación directa de grandes contratos gubernamentales y el uso selectivo de las medidas anticorrupción para atacar a opositores.

La centralización del poder permitió a AMLO una mayor capacidad de acción y coordinación para implementar políticas. Aun así, esto debilitó organismos autónomos y generó preocupaciones sobre la concentración de poder en una sola persona, poniendo en riesgo la democracia y la división de poderes.

En el ámbito social, los programas sociales han sido una bandera de la 4T y el haber puesto a los pobres por delante de las clases económicas más favorecidas es un cambio de política pública relevante. Estos programas ayudaron a reducir la pobreza y gracias al apoyo a jóvenes y adultos mayores se promovió la inclusión y el bienestar. Sin embargo, la sostenibilidad financiera de estos programas está en duda, y la falta de transparencia dificulta evaluar su eficacia.

Las estrategias económicas del gobierno han buscado y no encontrado la autosuficiencia energética y alimentaria pero contribuyeron al fortalecimiento de diversas áreas de la industria. En estos años se crearon empleos con proyectos como el Tren Maya, la refinería en Dos Bocas y el AIFA, que han sido criticados por sus impactos ambientales y sociales, y su baja o nula rentabilidad.

En inclusión y derechos humanos, se han implementado reformas para proteger a mujeres y grupos vulnerables, con un mayor énfasis en la igualdad de género. A pesar de esto, la implementación ha sido desigual y los resultados tangibles aún no se ven.

La creación de la Guardia Nacional buscaba combatir el crimen organizado y mejorar la seguridad. Sin embargo, esta medida aumentó la militarización de la seguridad pública. Además, el incremento de la violencia en algunas zonas del país muestra la falta de efectividad de la estrategia de “abrazos, no balazos”.

En relaciones internacionales, la política de no intervención y el respeto a la soberanía no fue seguida por AMLO y las relaciones diplomáticas con ciertos países se han tensado y hasta roto, planteando desafíos importantes para su sucesora.

En conclusión, México ha experimentado cambios significativos bajo la 4T. Si bien muchos de ellos representan avances en términos de políticas públicas y prioridades nacionales, su profundidad y efectividad no han sido realmente transformadoras. Los impactos a largo plazo de la 4T aún están por verse, si es que se llegan a ver algún día.

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