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27 de octubre

27 de octubre

Escribir poesía: entre la tradición y el conocimiento

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Simitrio Quezada.

Entre todos los géneros literarios, ha sido la poesía punta de lanza para llevarnos a los lectores a nuevas revelaciones. Con todo, en los umbrales del nuevo siglo algunos que proponen sus textos se han acostumbrado tanto a la revolución del lenguaje que supeditan éste a un impulso sentimental sin medida ni rumbo. Para ellos, esto es una carrera loca: entre más loca se pone, más libre es.

En realidad se hace preciso redefinir el carácter del lenguaje respecto a la poesía, para no caer en el exceso de las libertades que el mismo lenguaje concede.

Aquella persona que aspira a ser hombre o mujer “de letras” debe tomar en cuenta la tradición literaria. No se puede ser iconoclasta sin conocer lo que va a romperse. Una cosa es ir contra las reglas y otra dirigirse a cualquier lado en nombre de una supuesta libertad poética.

En efecto, ser poeta no es adoptar posiciones cómodas, vivir al amparo de la musa o la caza del próximo concurso. Poeta no es el que publica —que a fin de cuentas hoy día puede publicar cualquiera— o el que gana premios, sino aquél que, conociendo el lenguaje y la tradición literaria, sabe utilizar tal conocimiento para construir una voz propia que llegue a todos los humanos como si fueran uno sólo.

Generalmente no se profundiza en el sentido que el lenguaje reviste para la poesía. Muchos escriben sin más; un día alguno se sorprende en la quinta línea y el asombro vive, quizá, el tiempo en que pasa a la segunda o tercera estrofa. ¿Por qué escribir? ¿Por qué construir mundos propios con reglas autónomas, con un creador que se dirige a otros tanto como a sí mismo?

Indefectiblemente, quien quiere ser buen poeta cuestionará tarde o temprano la naturaleza de las palabras: de sus palabras, su lenguaje, con el que construye poesía. También se imbuirá en el análisis y criterios propios ante lo que se ha escrito en la tradición literaria. A fin de cuentas, acaso es la poesía la que escribe a los poetas y no a la inversa.

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