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Opinión

“El sucesor” (parte 1)

“El sucesor” (parte 1)

La canción es un texto al que podríamos llamar canción-testamento.

Simitrio Quezada
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3 de abril 2025

Hace casi 30 años entrevisté a la agrupación musical Los Tucanes de Tijuana, al término de un baile realizado en Juchipila, Zacatecas. Les pregunté si es cierto que los grandes narcos del país les pagan para que les compongan sus corridos. Mario Quintero, vocalista y compositor del cuarteto, sonrió con malicia y lo negó rotundamente.

Continué preguntando sobre la censura que, por aquel tiempo, una senadora panista había propuesto en el pleno: las radiodifusoras del país no debían transmitir más los narcocorridos de grupos como los mismos Tucanes, Los Tigres del Norte, Raza Obrera, entre otros. Mario me retó simpáticamente al asegurar que, si la radio no transmitía sus corridos, la gente compraría sus producciones para tocarlas en sus coches.

El compositor me cayó bien por carajo. El autor de temas como “La piñata”, “Los tres animales”, “La gripe colombiana”, “Mis tres viejas” y “El cartel de a kilo” comenzó a moralizar, según él, con el argumento de que más bien sus canciones llevan un mensaje de prevención “para que la gente no se meta a las drogas”.

La entrevista terminó cordial y, con sonrisa algo tensa, Mario me felicitó “por tu profesionalismo, primo”.

Sirva esto como introducción a mis comentarios a un narcocorrido titulado “El sucesor”, interpretada por Los Tigres del Norte. El autor de la canción es Jesús Armenta Minjarez, quien ha escrito también los narcocorridos “Jesús Malverde”, “El circo”, “Los cinco de San Luis” y “El brazo derecho”.

“El sucesor” tiene seis estrofas, cada una con seis octosílabos: 36 versos que riman predominantemente en monorrimos consonánticos. La canción es un texto al que podríamos llamar canción-testamento. Son las últimas voluntades de un gran narcotraficante a su heredero; llámese hijo, ahijado o similares.

Las dos primeras estrofas son claras. “Aquí tienes estas llaves, / desde hoy es tuya la tienda. / Trata de ser cauteloso / y nunca la desatiendas: / este negocio es muy bueno / para que un día se pierda. // Tenemos ya mucho tiempo / comprando y vendiendo todo; / y tú, como el sucesor / tendrás que seguir mis modos. / Así, pase lo que pase, / vas a controlarlo todo”. El traficante alaba tanto su actividad como el esfuerzo que le ha costado mantenerlo todo a flote. Por ello el que lo recibe debe “ser cauteloso”, para, como apunta en la segunda estrofa, “pase lo que pase… controlarlo todo”.

La tercera estrofa dice: “Como es grande la familia, / cambiamos de presidente / cada seis años lo menos / y tenlo tú muy presente: / Si no se cierra la tienda, / el pacto sigue al corriente”. Una de dos: o el compositor utiliza la letra para atacar por igual a narcos y políticos de rango, denunciando una alianza entre ambos, o este corrido fue mandado hacer por un narco poderoso que delata su conexión con miembros de los altos círculos del poder en nuestro país. Ficción, suposición o confesión. Dentro de las corporaciones policíacas encontramos también personas honestas que verdaderamente buscan un futuro mejor para México. De ellos deben cuidarse los diversos herederos a quienes se dirige esta canción.

La cuarta estrofa alecciona: “Que disfrutes de tu puesto: / la tienda queda surtida. / Nomás tapa el ojo al macho / por si algún día te investigan: / al primero que la pierda / le puede costar la vida”. Si los investigadores encuentran un cabo suelto, es deber del heredero cortar por lo sano. Si comienzan a investigar a mi compadre, debo procurar que no sueltes la sopa y pum, viaje gratuito al más allá, cortesía del compadre (“le puede costar la vida…”).

La segunda parte de los comentarios llegará la próxima semana, en este mismo diario.

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