

Zaira Ivonne Villagrana Escareño.
Detrás de una de las expresiones culturales más importantes de nuestro estado existe la visión de un hombre que entendió que la danza podía unir a los pueblos, fortalecer la identidad y crear espacios de encuentro.
Zaira Ivonne Villagrana Escareño
Hay ciudades que son recordadas por sus monumentos. Otras, por su gastronomía. Zacatecas tiene el privilegio de ser recordada por algo todavía más valioso: la riqueza de su cultura.
Esa riqueza no nació por casualidad. Detrás de una de las expresiones culturales más importantes de nuestro estado existe la visión de un hombre que entendió que la danza podía unir a los pueblos, fortalecer la identidad y crear espacios de encuentro. Las y los zacatecanos guardamos un profundo reconocimiento al profesor Gustavo Vaquera Contreras, orgullosamente originario de Francisco R. Murguía (Nieves), fundador del Festival Zacatecas del Folclor Internacional “Gustavo Vaquera Contreras” y del Ballet Folclórico de la Secretaría de Educación que hoy lleva su nombre.
Con motivo del 450 aniversario de la fundación de Zacatecas nació un festival que con el paso del tiempo se convirtió en una tradición que ha trascendido generaciones y fronteras. Su lema, “Los pueblos del mundo unidos por la danza”, representa una convicción profundamente humana: la cultura tiene la capacidad de acercar a las personas, derribar fronteras y construir paz.
Quienes hemos caminado por las calles del Centro Histórico durante el Festival Zacatecas del Folclor Internacional “Gustavo Vaquera Contreras” sabemos que no se trata solamente de presentaciones artísticas o de trajes tradicionales. Es un momento en que nuestras plazas se llenan de vida, nuestras familias se reúnen y Zacatecas dialoga con el mundo a través de sus tradiciones.
Por ello, también debemos reflexionar sobre la importancia de fortalecer este legado. El talento de nuestras bailarinas y bailarines, músicos, artesanos y promotores culturales sigue presente; lo que necesitamos es recuperar la visión de que la cultura no puede verse únicamente como una agenda de eventos, sino como una política pública estratégica para el desarrollo de nuestro estado.
La cultura genera identidad, impulsa el turismo, fortalece la economía y abre oportunidades para nuestras juventudes. Un pueblo que conoce sus raíces tiene mayores herramientas para construir su futuro.
Después de muchos años como maestra, he comprobado que el arte transforma vidas. Una niña o un niño que baila, canta, pinta o toca un instrumento desarrolla disciplina, fortalece su autoestima y aprende a sentirse orgulloso de quién es y de dónde viene. La cultura no sólo forma artistas; forma ciudadanas y ciudadanos capaces de imaginar nuevas realidades.
Por eso estoy convencida de que el folclor también construye paz.
En un estado que ha enfrentado momentos de violencia e incertidumbre, cada espacio cultural representa una oportunidad para recuperar la convivencia, fortalecer el tejido social y ofrecer a nuestras juventudes caminos distintos al miedo. La paz no se construye únicamente con instituciones de seguridad; también se construye con educación, cultura, deporte y espacios donde las personas vuelven a encontrarse.
El reto no es conservar el festival por costumbre, sino devolverle la fuerza, la innovación y la proyección que merece. Defender nuestras tradiciones no significa vivir en el pasado; significa reconocer en nuestras raíces la fuerza para construir el futuro.
El maestro Gustavo Vaquera Contreras soñó con “Los pueblos del mundo unidos por la danza”. Hoy nos corresponde mantener vivo ese sueño y demostrar que un pueblo también puede reconstruirse desde su cultura.
Porque cuando una comunidad honra su historia, fortalece su identidad y abre espacios para encontrarse, también construye esperanza.
Creo en un Zacatecas donde la educación forme conciencia, la cultura fortalezca la identidad y la paz sea el resultado de una sociedad que nunca deja de encontrarse consigo misma. Ese es el Zacatecas que vale la pena construir.