

Carlos Martin Vásquez Diaz
Si conoces el título de esta colaboración, sabes de qué escribo hoy.
Desde que tengo uso de razón, para mí ha sido muy difícil dormir durante un viaje. Dure lo que dure, duermo nada, poco o a placer. Y esto no porque me ponga nervioso por las diversas formas de conducción, sino porque siempre he sido curioso de los caminos. Me asombro fácilmente con la geografía, los atardeceres y amaneceres.
Cómo ya les he compartido, soy de origen nayarita, como dice el corrido “gallardo y altivo”. Sin embargo, mi señor padre es de uno de los paraísos más bellos de México: Puerto Escondido en Oaxaca. Por tanto, aunque no éramos asiduos a viajar allá, donde radican mis familiares paternos, si lo llegamos a hacer en al menos cuatro ocasiones. Siempre viajando por tierra.
Recuerdo que a mi papá le fascinaba conducir de noche, empezando sus viajes a las seis de la tarde, saliendo hacia la ciudad de Guadalajara, donde llegábamos mi hermano y yo, muy contentos a cenar a una restaurante de estas cadenas gringas de hamburguesas que en aquel momento sólo veíamos en televisión porque en Tepic no se encontraban.
Este viaje, siempre era de Tepic a Guadalajara, llegando de madrugada al antes llamado Distrito Federal, donde mi padre descansaba para tomar energía y bajar por la carretera a Cuernavaca para llegar a Acapulco, donde vivía la Tía Lancha, pariente de él. Siempre duramos un par de días en la Y (griega) de la Laja, un barrio en la zona alta de aquel puerto, pero que tenía una vista maravillosa de la costa. Ahí, aprovechamos para conocer los atractivos turísticos más sonados, como ir a ver a los clavadistas de la Quebrada.
Dos días después, salíamos a la costa chica de Guerrero y Oaxaca para llegar a Puerto Escondido. Pero bueno, toda esta historia, es para decir que en aquel momento, el coche de mi familia era de los que reproducían música a través de Cassette. Y recuerdo que uno de mis favoritos era aquel que comenzaba con la canción, Vasos Vacíos de Los Fabulosos Cadillacs. Uno de los estelares anunciados para el Festival Cultural Zacatecas. Y aunque suena a comercial un poco, esta canción trae a mi memoria muchos paisajes, amaneceres, atardeceres, el mar y la convivencia con mis papás y hermano.
Sin duda para mí, acudir a este concierto, será un recuento de aquellos buenos momentos. ¿A poco no es interesante todo lo que puede traer a nuestra mente una sola canción? ¿Cuál es tu favorita de este grupo?