

Julieta del Río.
Los gobiernos no fracasan porque exista quien observe, cuestione o conozca la ley. Fracasan cuando sustituyen la capacidad por la improvisación…
Julieta del Río
En la política y en la administración pública, cuando faltan argumentos y sobra ignorancia, sobran los culpables y siempre aparece un “pretexto”.
Quien no tiene el valor de asumir sus decisiones suele recurrir al mecanismo más antiguo del poder: construir un enemigo, inventar un responsable externo o fabricar un pretexto. Es más sencillo señalar a alguien que ejercer la autocrítica.
Nicolás Maquiavelo escribió en El Príncipe que «es mucho más seguro ser temido que amado, si no se puede ser ambas cosas».
Los gobiernos no fracasan porque exista quien observe, cuestione o conozca la ley. Fracasan cuando sustituyen la capacidad por la improvisación; cambian el conocimiento por obediencia y creen que el poder los coloca por encima de las normas y permiten que quienes los rodean influyan desde las sombras.
En el servicio público no existen actos privados cuando se administran recursos públicos. Cada decisión deja evidencia, cada procedimiento genera responsabilidades y cada expediente cuenta una historia. Lo que se hace con recursos públicos está sujeto al escrutinio ciudadano.
Después de más de tres décadas de servicio público, puedo afirmar que no hace falta una bola de cristal para anticipar las consecuencias de una mala decisión. Basta conocer la administración pública y entender la rendición de cuentas. La experiencia permite identificar los errores antes de que se conviertan en escándalos.
La ignorancia dentro de un gobierno puede convertirse en un riesgo para las instituciones.
Con los años aprendí a identificar una de las prácticas más dañinas: el poder en las sombras. Hay servidores públicos que influyen, ordenan, presionan e incluso deciden, pero procuran no firmar un solo documento. Dan instrucciones, pero nunca asumen responsabilidades.
Quien manda desde la sombra contamina los procesos, debilita las instituciones y expone a quienes sí tienen la obligación legal de responder. Gobernar sin asumir consecuencias no es inteligencia; es cobardía administrativa. Gobernante solo hay uno, no otro en las sombras.
Los procedimientos dejan rastro y la verdad termina alcanzando a quienes creyeron que podían ocultarse detrás de otros.
En más de una ocasión he sido el “pretexto perfecto”. Cuando una decisión cuestionable sale a la luz o la información pública comienza a conocerse, algunos prefieren decir: “Fue Julieta”. Es una explicación cómoda para quienes necesitan justificar sus propios errores.
No me incomoda. Al contrario. Significa que reconocen una trayectoria de 35 años en el servicio público, dedicada a la transparencia, la fiscalización, la rendición de cuentas y el derecho de acceso a la información. Lo que algunos llaman “filtraciones” es información pública que termina saliendo a la luz.
He aprendido que la envidia jamás disminuye a quien la recibe; únicamente retrata a quien la siente. Los rumores, las descalificaciones y los ataques personales suelen ser el recurso de quienes no encuentran otra explicación para el trabajo, la preparación o la experiencia ajena.
Hoy tengo la libertad y la tranquilidad de haber cumplido. No dependo de un cargo público. Mi espacio está en la academia, la consultoría, las conferencias, la escritura y la opinión crítica y objetiva. Compartir conocimientos es ahora una convicción personal.
Los cargos terminan. La reputación permanece.
Por eso resulta inútil convertir a una persona en el pretexto permanente de las deficiencias propias.
Los verdaderos problemas de un gobierno nunca son quienes conocen la ley, sino quienes la ignoran; nunca quienes dicen la verdad, sino quienes intentan ocultarla; nunca quienes firman con responsabilidad, sino quienes ordenan desde las sombras creyendo que jamás responderán.
Al final, el mayor enemigo de un gobernante no está afuera: está dentro de su propio entorno, en la incapacidad para decir la verdad y en el miedo a asumir responsabilidades.
Yo he ayudado más de lo que usted se imagina, y no de ahora. Los de ahora no estaban. Desde las sombras, sí, pero de las buenas y solo por amistad; esa seguirá. Pero para quienes están detrás, habrá mano dura.
@julietdelrio