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Opinión

Buenos propósitos para fortalecer la Educación Media Superior en 2026

Buenos propósitos para fortalecer la Educación Media Superior en 2026

Rafael Sánchez Andrade.

Reflexiones para avanzar hacia un bachillerato más justo, pertinente y humano.

Rafael Sánchez Andrade
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8 de enero 2026

El año 2026 se perfila como una etapa decisiva para profundizar la transformación de la Educación Media Superior en México. Tras años de reformas parciales y esfuerzos institucionales desiguales, el reto ya no consiste en identificar los problemas, sino en asumir decisiones que permitan resolverlos con coherencia, continuidad y sentido social. Fortalecer el bachillerato exige una mirada integral, capaz de articular políticas públicas, prácticas escolares y la experiencia cotidiana de estudiantes y docentes.

Uno de los propósitos prioritarios debe ser garantizar la permanencia y conclusión de las trayectorias educativas. El abandono escolar sigue siendo uno de los mayores desafíos del bachillerato, asociado no solo a condiciones económicas adversas, sino también a la falta de identificación de los jóvenes con la escuela. Más allá del acceso, se requiere fortalecer estrategias integrales que acompañen a los estudiantes desde su ingreso hasta el egreso, atendiendo factores académicos, económicos, emocionales y sociales. Las becas son necesarias, pero no suficientes si no se articulan con tutorías, orientación vocacional y entornos escolares seguros y acogedores.

Otro propósito ineludible es avanzar hacia una educación pertinente y significativa para los estudiantes. El bachillerato no puede reducirse a la acumulación de contenidos ni a la preparación mecánica para las evaluaciones. Requiere planes y programas de estudio que dialoguen con los contextos locales, reconozcan la diversidad cultural y social del país, y ofrezcan aprendizajes que ayuden a comprender el mundo contemporáneo. Integrar saberes científicos, tecnológicos y humanistas no es un lujo académico, sino una condición para formar jóvenes con pensamiento crítico, capacidad de adaptación y compromiso social.

La mejora de la Educación Media Superior tampoco será posible sin revalorar el trabajo docente y fortalecer el liderazgo directivo. Las maestras y los maestros son el eje del proceso educativo; sin embargo, con frecuencia enfrentan sobrecarga administrativa, escasas oportunidades de formación pertinente y condiciones laborales desiguales o limitadas.  Mejorar su desarrollo profesional continuo, promover el trabajo colegiado y dignificar su labor es una inversión prioritaria y estratégica. Del mismo modo, las y los directivos requieren acompañamiento sistemático, evaluación formativa y reconocimiento de su papel como líderes pedagógicos, no sólo como gestores administrativos.

También, resulta indispensable fortalecer la gestión y la capacidad institucional del sistema de Educación Media Superior. La diversidad de subsistemas y modalidades demanda mayor coordinación, planeación de mediano plazo y uso inteligente de la información. La supervisión educativa debe recuperar su sentido pedagógico, cercana a las escuelas y orientada a la mejora continua.

Finalmente, ningún propósito será sostenible sin una participación social activa y corresponsable. Escuchar a estudiantes, docentes, familias y comunidades implica abrir espacios reales de diálogo y corresponsabilidad. La mejora del bachillerato se construye colectivamente, con confianza, compromiso y visión compartida.

Los buenos propósitos para 2026 deben convertirse en acciones concretas y evaluables. Reflexionar, participar y asumir responsabilidades comunes es el camino para construir un bachillerato más equitativo, pertinente y humano, capaz de responder a los desafíos del presente y a las aspiraciones de las nuevas generaciones.

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