

Rafael Sánchez Andrade.
En el nivel medio superior se registraron avances importantes. En 2021 se autorizó el Programa de promoción en el servicio docente por cambio de categoría y asignación de horas adicionales.
La discusión sobre la admisión, promoción y reconocimiento del personal docente se reactivó tras el anuncio de la desaparición de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM). Este momento representa una oportunidad para revisar los avances alcanzados, reconocer los problemas persistentes y construir un modelo más justo y funcional para miles de docentes del bachillerato mexicano.
Desde la reforma constitucional de 2019 y la expedición de la Ley General del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros, uno de los principales compromisos del Gobierno Federal fue impulsar la revalorización docente mediante mecanismos más transparentes para el ingreso, promoción y reconocimiento.
En el nivel medio superior se registraron avances importantes. En 2021 se autorizó el Programa de promoción en el servicio docente por cambio de categoría y asignación de horas adicionales. Subsistemas como la DGETI y la DGETAyCM publicaron convocatorias que permitieron a cientos de docentes mejorar sus condiciones laborales y acceder a procesos de compactación y recategorización.
Estos avances tuvieron relevancia porque durante casi ocho años muchos docentes permanecieron sin posibilidades de crecimiento profesional. En diversos casos, la ausencia de vacantes limitó el desarrollo laboral y académico de los docentes.
Sin embargo, los resultados también mostraron límites importantes. Aunque cientos de plazas y horas fueron concursadas, el número de beneficiarios continuó siendo reducido frente al total de docentes existentes en los subsistemas federales. Muchos maestros acreditaron requisitos, obtuvieron resultados favorables y demostraron trayectoria profesional, pero no lograron acceder a promociones debido a la insuficiencia de plazas autorizadas.
Uno de los principales retos radica en que la creación y regularización de plazas continúa condicionada por restricciones presupuestales que dificultan ampliar las oportunidades para el personal docente. Cuando los recursos disminuyen, las instituciones suelen concentrar horas en menos profesores, postergar promociones o recurrir a soluciones temporales que afectan la continuidad pedagógica.
A ello se suma la inconformidad generada por algunos procesos de admisión. Algunos docentes han señalado que muchas convocatorias se publican sin considerar las necesidades específicas de cada plantel o especialidad. También persisten perfiles profesionales demasiado amplios o concursos donde se ofertan asignaturas sin vacantes definitivas, lo que desmotiva a los aspirantes.
En este contexto, resulta indispensable construir un modelo más flexible, transparente y pertinente. Las convocatorias deberían responder a necesidades semestrales de los planteles y actualizar los perfiles profesionales conforme a los cambios tecnológicos y productivos actuales.
Asimismo, el reconocimiento docente debe fortalecerse mediante programas de estímulos vinculados no solo a criterios administrativos, sino también al desempeño académico, la tutoría, la formación continua y la participación institucional, entre otros aspectos. Reconocer el esfuerzo diario de las maestras y los maestros puede convertirse en un incentivo para fortalecer la calidad educativa y la permanencia de los estudiantes.
El bachillerato enfrenta desafíos relacionados con abandono escolar, cobertura y la transformación tecnológica. Por ello, mejorar los procesos de admisión, promoción y reconocimiento docente no representa únicamente una demanda laboral, sino una condición estratégica para fortalecer el futuro de la educación pública en México.