No distraigan al general

José Luis Medina Lizalde.
José Luis Medina Lizalde.

La clase gobernante tiene hábitos que la hacen improductiva, ineficiente. Es necesario mandar al carajo tantos “usos y costumbres” para que Zacatecas se recupere.

En las pocas semanas que lleva al frente de la seguridad pública, el general Arturo Medina Mayoral ha generado la sensación de que la lucha por la seguridad es real, no simulada. Para la gente no pasan desapercibidos los enfrentamientos con saldo a su favor de la policía estatal con grupos criminales, la detención de algunos de los operadores del último bloqueo carretero con el correspondiente decomiso de armas y vehículos y sobre todo, el desmantelamiento de campamentos de células delictivas en algunas serranías. La posibilidad de una voz creíble en el tema de la inseguridad en Zacatecas se refirma con la interlocución que mantiene con representantes de sectores que lo describen como a alguien que escucha y se compromete, ahora queda esperar que no le estorben.

El general Arturo Medina Mayoral seguramente está consciente de que su nombramiento como responsable de la seguridad pública en Zacatecas lo integra a una institucionalidad local decadente, con piezas sueltas y deterioradas por los vicios de una clase gobernante dónde el nepotismo se hizo subcultura y la ineficiencia cotidianidad a pesar de la abundancia de gente preparada y honesta con la que cuenta el pueblo zacatecano.

La denuncia mediática de las corruptelas es una constante desde hace décadas, pero eso no se ha traducido en la aplicación de la ley a los que han lucrado con la corrupción pública, omisión que nos condena a enterarnos a destiempo de las fugas de dinero público semejantes a las del sistema de agua potable de nuestra área metropolitana que sabemos que existen pero que no se ven a simple vista.

Para el General Medina no puede pasar desapercibido que la corrupción es el trasfondo de la precariedad del sistema penitenciario que hace que los turnos que cubren los custodios sean excesivos debido a la insuficiencia crónica. Así como los cuerpos policiacos municipales batallan para la gasolina de sus patrullas lo que no batallan los regidores y altos funcionarios, no le será difícil comprender que la investigación del delito carece de personal y equipo a la altura de las necesidades.

¿Qué puede hacer el general ante eso? Asegurarse que los recursos humanos, financieros y materiales puestos a su disposición no se desperdicien como ha sucedido a lo largo de los años, que las compras sean honestas, que los pocos policías no anden de mandaderos ni cuidando borracheras de nadie, que las nóminas sean blindadas de “recomendados” y que se premie el desempeño, no la incondicionalidad.

Entorno desfavorable

El juicio a García Luna transparenta el nexo entre corrupción pública y criminalidad exacerbada, pero desaprovecharíamos la lección si no asumimos que esa corrupción se inoculó en las estructuras de estados y municipios al grado que no es imaginable la erradicación de la violencia sin la limpieza de las instituciones, hoy luchar contra la corrupción es luchar por la paz, por el fin del derramamiento de sangre.

Al responsable de seguridad pública no le queda más que asumir que “con estos bueyes hay que arar”.

Corresponde a la legislatura y secretaría de la función pública contener la inercia de corrupción en el conjunto institucional local, y a la fiscalía del estado y al poder judicial hacer su tarea sin el tradicional temblor de corvas, pero hay algo que si tendrá que hacer el general para ofrecer resultados reales en el menor tiempo posible: No permitir que le roben el tiempo que tiene que dedicar a su muy compleja tarea.

Me explico, el también general Froilán Carlos Cruz, en su momento titular de seguridad pública, daba la nota por sus pláticas en escuelas secundarias y sociedades de padres de familia en un espectacular ejercicio de simulación que solo abonó a la intensificación del deterioro de la seguridad en la entidad.

Reaccionamos por el desperdicio de dinero público sin reparar que el desperdicio del tiempo es otro pesado lastre de la maquinaria estatal, se paraliza la entidad con informes egolátricos no solo del gobernador en turno sino de personalidades ansiosas de figurar en presídiums reparte cosas.

Cuando no se tiene idea de la función encomendada o voluntad de cumplirla se organizan foros como recurso elegante de “quedar bien y poco gastado”, se inventan conversatorios, conferencias, mesas redondas con públicos integrados por empleados públicos, también se puso de moda aprovechar el tiempo robado a la función cursando maestrías y doctorados, participando en congresos, etcétera y muy etcétera

Tiempo irrecuperable

El presidente del Tribunal de Justicia de plano no se aguantó al registrar la ausencia hasta de quienes lo habían invitado a un evento en la legislatura.

La clase gobernante tiene hábitos que la hacen improductiva, ineficiente. Es necesario mandar al carajo tantos “usos y costumbres” para que Zacatecas se recupere.

Nos encontramos el lunes en Recreo

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