

José Luis Medina Lizalde.
El Mayo Zambada dice un amargo adiós al mundo ofreciendo su testimonio de que la vida que eligió, por poderoso que logres ser, es de sufrimiento perpetuo.
El mensaje del Mayo Zambada al mundo durante la audiencia en que fue sentenciado se puede sintetizar como la confirmación de que los narcos también lloran. No es el llanto de un hombre quebrado, son las lágrimas de alguien que decide mostrarse entero, que acepta sin reservas que es culpable y que no pide compasión, que no delata ni siquiera a los que lo traicionaron y que le pide a quien quiera oírlo que no sigan su camino porque conduce a un mundo que es infierno, no paraíso.
La historia del Mayo Zambada y los archivos de Epstein aportan valioso material para entender que la verdadera guerra contra las drogas es cultural tanto como policial.
El Mayo Zambada dice un amargo adiós al mundo ofreciendo su testimonio de que la vida del narcotraficante, por poderoso que sea, es de sufrimiento perpetuo y los archivos de Epstein demuestran que en las élites el consumo de drogas puede llegar a tal desenfreno que bestializa porque se combina con la sensación de poder exclusivo de los altísimos círculos.
Cuando se piensa en el combate a las causas de este flagelo tendemos a reducirlas a factores económicos susceptibles de enfrentar con programas sociales.
Sin negar la importancia que tiene el mejoramiento de las condiciones de vida en barrios urbanos y comunidades rurales es necesario advertir que en todos los niveles sociales hay involucrados desde el lado de la oferta y desde el lado de la demanda.
En los años noventa llamó la atención de la prensa nacional e internacional el involucramiento de jóvenes que viviendo en la prosperidad se involucraron activamente en el Cártel de Tijuana liderados por los hermanos Arellano Félix siendo conocidos como los narco-juniors
La hipótesis mejor sustentada sobre el móvil del falso secuestro y asesinato del hijo de la señora Miranda de Wallace es la de que fue para salvarlo de la furia del temido narcotraficante apodado “La Barbie” al que no le pagó lo equivalente a una tonelada de cocaína ¿Tendría necesidad de así ganarse la vida el hijo de una empresaria acaudalada?
Tendemos a creer que los que ingresan por iniciativa propia al mundo del crimen organizado son los desesperados sociales pero la evidencia muestra que muchos tienen buen trabajo, profesión o pertenecen a familias pudientes.
Son víctimas de la fachada de riqueza y poder que transmiten series televisivas y películas, son víctimas también del mito que se construye con versiones oficiales diseñadas para atribuirse méritos inflados.
La revista Forbes suele inventar fortunas a gente famosa, al Chapo Guzmán lo incluyó en sus listas atribuyéndole falsamente una fortuna miles de millones de dólares y la justicia de Estados Unidos sentencia al Mayo Zambada a la devolución de 15 mil millones de dólares además de la prisión de por vida.
Cuando se captura un pez gordo hay que engordarlo mucho más para que el mérito de su captura crezca en la misma proporción. Es vieja costumbre.
En los años sesenta del siglo pasado los radio- oyentes tuvieron ocasión de escuchar llamados a no delinquir de un preso de Lecumberri nacido en Villanueva y egresado de la Escuela Normal Matías Ramos llamado Fidel Corvera Ríos.
Entonces el Estado mexicano valoraba mejor que en tiempos posteriores la importancia de no favorecer el mito seductor de la delincuencia como camino a la riqueza junto con la ilusión de impunidad. La frase consagrada era la de “No hay crimen sin castigo”.
Hoy sucumbimos al hábito del juicio facilón que siembra la expectativa de que la impunidad está al alcance de los que se ponen listos porque “El gobierno no hace nada”.
Se fomenta la atención pública en el lado de la moneda dónde los narcos ganan, son impunes y temidos.
Se renuncia a cubrir historias de desastres originados en el involucramiento de un solo miembro de una extensa familia, la reseña de la vida cotidiana en las sierras, el estrés inevitable previo a cada operación, la tensión que no abandona al que en cualquier momento espera la acción del enemigo o la traición del falso amigo. La amargura de tener dinero sin condiciones para gastarlo como soñaba.
Si todos tuviéramos presente que los narcos también lloran pero que su llanto es con más dolor, el espejismo que tantas vidas cobra no existiría.
Las aberraciones del fundador de los Legionarios de Cristo y de los que figuran en los archivos de Epstein se han cometido y se cometen bajo el influjo de la cocaína y otras sustancias.
Dejemos de ignorar el papel de las élites a la cabeza de la oferta y la demanda.
Las élites trafican y consumen.
Es el sistema el que requiere cambios.
Nos encontramos el lunes en Recreo