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La república se mueve

La república se mueve

J. Luis Medina Lizalde

   |  17 diciembre, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

La resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife) del lunes 14 de diciembre de 2020,  afianza un proceso de cambio profundo encaminado a construir un país de vanguardia en la eliminación de la inequidad de género; el mandato inapelable para que partidos y coaliciones postulen mujeres en cuando menos siete de las 15 gubernaturas en disputa no encuentra parangón en las estructuras de poder de ningún otro país, que yo sepa, ya solo imagino  una medida más radical en esa dirección que consistiría en establecer en la Constitución la alternancia obligatoria de género en la Presidencia de la República, gubernaturas y presidencias municipales,  así como en las cabezas de poderes legislativos, Suprema Corte de Justicia de la Nación y Tribunales Superiores de los estados.

Todo cambio tiene que lidiar con resistencia, en ese sentido, la ideología de la “inferioridad” de la mujer persiste en segmentos sociales significativos, pero ese tren ya está en marcha a una estación sin regreso, no obstante, la confusa, contradictoria y titubeante resolución del Tribunal.

El máximo inconveniente que encuentra la virtuosa  mutación política, es el contexto jurídico- político actual, plagado de huecos propiciatorios de maniobras que en los hechos anulan las potencialidades de una real democracia, el sistema de partidos no ofrece certezas legítimas a sus propios miembros y por ende, no es un filtro confiable de moral cívica de los que por esa vía acceden a la clase gobernante, los corruptos no encuentran obstáculos insuperables.

Los vicios morales más usuales de la clase política se presentan lo mismo en hombres que en mujeres, el oportunismo chapulinezco, la deshonestidad, la adicción a privilegios, la priorización  del  interés particular individual o grupal por encima de los intereses generales son compartidos por conocidos exponentes de ambos géneros. También lo contrario es una realidad, la honestidad, la congruencia entre lo que se piensa, se dice y se hace, la política entendida como servicio a los demás y no como negocio y el rechazo activo a la corrupción son virtudes igualmente compartidas por mujeres y hombres. Tal realidad nos condena en lo inmediato a que si bien el sustancial avance en la eliminación de la inequidad de género en el acceso al poder público y a la representación política, eso no nos acerca a la posibilidad de elegir a las personar más idóneas entre los hombres y entre las mujeres.

Distorsión centralista

El centralismo en la designación de candidatos es la primera gran distorsión de la democracia mexicana ¿Desde dónde supone usted que escogerán a los 7 estados que postularán mujeres de cada partido o coalición?  Desde la Ciudad de México, ahí residen los que deciden el destino de cada estado, desde allí mandan a gobernar a aptos o incompetentes;a decentes o a ladrones; el esquema concentrador de las decisiones en “la región más transparente del aire” (Carlos Fuentes) se impuso desde que se rindió la Gran Tenochtitlán.

El centralismo se hizo cultura política dominante generalizada y han sido esporádicas las resistencias a los “centralazos”, algo compatible con el régimen autoritario que no embona en la democracia. Se entiende el descontento entre priístas zacatecanos por ser “sacrificados” para cumplir la cuota de género, aunque no están educados en la lucha, sino en la sumisión que llaman “disciplina”.

La sustitución como alternativa priísta de Adolfo Bonilla por Claudia Anaya es inminente, según todas las señales y es fruto de un acuerdo entre tres residentes en la Ciudad de México, Alejandro Moreno, (PRI); Marko Cortés, (PAN) y Jesús Zambrano (PRD).

Las mujeres se quejan con razón de que la cuota de género se cumple en los municipios con menos peso electoral y económico, pues bien, esa misma lógica se abrirá paso en la selección de los estados, Zacatecas, en lo sucesivo será siempre considerado para pagar la cuota de género dado que nuestra aportación al PIB es más bien raquítica y nuestro electorado potencial de por si precario, es severamente mermado por la migración estacional y permanente.

Militancia sin derechos

En Morena el riesgo existe, aunque es menor por esta vez dado el interés personalísimo del Senador Monreal en instalar a su hermano en el tercer intento de gobernar el Estado.

La democracia y el centralismo en la designación de candidaturas son incompatibles, el actual sistema de partidos se basa en la usurpación de cúpulas de los derechos que les asiste a las militancias, los órganos electorales no protegen con eficacia los derechos políticos.

En México Ciudad se redactan convocatorias a modo, como retrato hablado del escogido por las cúpulas, luego sigue el chantaje a legítimos inconformes para que “apuesten por la unidad”.

Las imposiciones, femeninas o masculinas, son la negación de la democracia.

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