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Hablando de mujeres

Hablando de mujeres

J. Luis Medina Lizalde

   |  12 marzo, 2020

José Luis Medina Lizalde

José Luis Medina Lizalde.

La protesta de las mujeres en México fue un éxito rotundo de prolongados efectos, hicieron fracasar el oportunismo ramplón de impostores e impostoras.

Toda política es victoriosa cuando triunfa culturalmente, cuando modifica a la sociedad, este 8 de Marzo las mexicanas dieron un gran paso en esa dirección, el mensaje fue sonoro y escuchado, el machismo se agrieta.

Cierto, pasó lista de presente la patología social que incuba intolerancias y violencia, pero las enmascaradas con su irracional comportamiento lograron resaltar la combatividad madura de la inmensa mayoría, tan alejada a los pequeños grupos de perfil provocador. Una joven que grabó el acontecimiento en Zacatecas hacía la observación de que si al frente de la protesta se hubieran ubicado en vez de las enmascaradas las madres, hijas y hermanas de desaparecidas habrían generado narrativa irrefutable.

La rebelión feminista no es contra los hombres sino contra los modos aprendidos por quienes somos sus padres, parejas, hermanos, hijos, compañeros de estudios o trabajo. La premisa ineludible es admitir que el macho no nace, se hace y mejor dicho lo hacen las propias mujeres en su función de madre, de hermanas que heredaron acríticamente el rol de sumisión, de los hombres deformados por la cultura recibida en forma de canción de José Alfredo, de película de Mauricio Garcés, de la “cosificación” de la mujer que tanto se advierten en medios de comunicación. Somos un resultado cultural y así lo entiende quien se explica la realidad buscando causas más que culpas. Contra ese lamentable saldo cultural lucha la genuina causa feminista.

La indignación de la mujer que se mostró la motiva el hecho de que el marido golpeador no es especie en extinción, tampoco merma la exigencia de favores sexuales por beneficios laborales o calificaciones, los tendederos irrumpen para contar historias contenidas, las universidades se conmocionan con la espectacularidad de la protesta pero el tema de fondo no se resolverá con respuestas aisladas y casuísticas porque el venero cultural del machismo aún fluye inagotable, en ese sentido, es menester someter a revisión todos esos veneros que alimentan la cultura machista, empezando por las distintas religiones y la industria de la comunicación, la escuela, y en general todas las instancias sociales que nos forman creencias y actitudes
No es asunto de clases sociales, en todos los niveles económicos y sociales se vive el drama de la opresión masculina frecuentemente sin que salga de la recámara.

El machismo no es asunto de raza, ni de nivel cultural, ni de edades, (Plácido Domingo vive una culminación amarga de su estelar carrera), el machismo ha estado presente desde los orígenes, cuando a la mujer se le confina lejos de las “actividades productivas” para asignarle la función reproductiva.

Linchamientos mediáticos

Vivimos tiempos peligrosos cuando los tribunales judiciales son borrados del mapa por los implacables tribunales mediáticos.
Los tribunales judiciales tienen reglas y ofrecen medios para impugnar lo que resuelvan antes de que quede dicha la última palabra, en contraste, los tribunales mediáticos están peor que la bárbara justicia de los que “Primero fusilo y después averiguo”, porque la mayoría fusila sin averiguar antes ni después, los suicidios de varones señalados dejando un mensaje dónde aseguran su inocencia debe inspirar la reflexión alerta ¿Cómo saber cuándo alguien es víctima de algún infundio inspirado en el rencor o el afán de extorsionar? ¿Cómo evitar que la política canalla alquile “denunciantes” para difamar adversarios?.

Durante un siglo, buena parte del periodismo mexicano nos ha contado las cosas al revés haciendo pasar como inocentes a culpables y a culpables como inocentes.

Muchos periodistas confunden su papel con el de jueces de los demás y no les inhibe la posibilidad de destrozar honras haciendo añicos el principio elemental de la presunción de inocencia y procurando dar voz a las distintas versiones de un mismo hecho, el riesgo de sacrificar en la hoguera mediática se incrementa con las redes donde el anonimato tiene amplio margen.

Creo firmemente en que las acusaciones a personas de carne y hueso deben ser ante autoridades competentes antes o después de señalarlos en redes o medios tradicionales, sin anonimato de por medio, lo que implica un esfuerzo de la autoridad para facilitar la denuncia, indagarla y castigarla tan pulcramente legal que no se propicie impunidad ni daño moral irreparable.

Trascender lo genérico

La agenda de las mujeres no puede estancarse en lo genérico, las mujeres pobres son mayoría casi invisible, urge atender el drama de la marginación en la que viven empezando por escuchar lo que tienen que decir.

La victoria estratégica contra al machismo será cultural o no será victoria.

Saludamos esa enorme voluntad de cambiar las cosas sin dejarse usar por quienes lo intentaron desde su conservadurismo.

Nos encontramos el lunes en Recreo.

[email protected] | @luismedinalizal

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