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Saber poseer y usar los bienes terrenales para la gloria de Dios, el bien propio y de los hermanos

Saber poseer y usar los bienes terrenales para la gloria de Dios, el bien propio y de los hermanos

Fernando Mario Chávez

   |  22 septiembre, 2019

Saber poseer y usar los bienes terrenales para la gloria de Dios, el bien propio y de los hermanos

Hermanos hermanas: en este domingo y en el siguiente, el tema fundamental es el de la riqueza y del dinero que, aun siendo dones de Dios, se convierten muchas veces para los hombres en posesión egoísta y avara, además que llegan a ser
una trampa para ellos mismos y para los demás.

Nuestra constitución existencial, es ser almas espirituales y cuerpos materiales con unión substancial. Por esto y para nuestro desarrollo personal y comunitario en este mundo, necesitamos bienes para el alma, como el conocimiento intelectual con la asimilación de la verdad y el bien para nuestra voluntad libre y debidamente ordenada por él.

Asimismo, en cuanto a nuestro cuerpo necesitamos alimentos y bebidas de manera continua e imprescindible para poder subsistir en forma digna y decorosa de acuerdo a la nobleza que Dios nos dio, al crearnos y elevarnos al orden sobrenatural, como hijos adoptivos suyos, hermanos de Cristo nuestro primogénito y templos del Espíritu Santo: estamos hechos con cuño trinitario divino y en esto radica nuestra dignidad humana en toda la creación del universo en el cual Dios nos ha colocado y podamos desarrollarnos dentro del plan de la salvación, cumpliendo siempre su santa voluntad. Con esta introducción a mi homilía, entremos al cuerpo doctrinal y bíblico de la misma.

Para la gloria de Dios, el bien propio y de nuestros semejantes Dios al crearnos nos ha dado las gracias como dones que nos capacitan para vivir correctamente cumpliendo siempre su divino querer. Con nuestra inteligencia y voluntad decidida y firme, estamos llamados a realizar nuestra existencia en este mundo, con iniciativa y compromiso y desde luego, con nuestro trabajo para adquirir bienes espirituales y materiales que nos ayuden para el bien propio y el de nuestros prójimos en el ámbito de la familia y en el contexto comunitario y social.

De esta manera, existe la realidad de acumular bienes de todo tipo y a la luz de nuestra fe cristiana, saber encontrar el modo de poseerlos y desde luego usarlos, dándole gloria a Dios de quien vienen todo don y dádiva perfecta. El Padre eterno nos ha dado el inconmensurable y magnífico don de su Hijo muy amado, que quien al hacerse hombre nos muestra el camino y la verdad de nuestra salvación temporal y eterna, construyendo en esta tierra la convivencia fraterna y el empeño de compartir los bienes que poseamos como fruto de nuestra industria, pero siempre abierta para saber ser generosos y ofrecer servicio, donación personal y los bienes que al compartirlos con los demás, podamos colaborar y contribuir para tener paz, seguridad y alegría de convivir unos con otros y seguridad, promoviendo el amor fraternal y la justicia para que nunca falten la casa digna, el vestido, el sustento, la educación y la formación integral de la persona humana y todo esto que acabo de enumerar, con la sabiduría y la energía de la gracia que Dios nos comunica generosamente para que con gratitud seamos súbditos de su Reino de amor.

Las enseñanzas del evangelio del hoy

En este evangelio, según San Lucas, aparece el caso de un administrador infiel, abusivo y ladrón, pero muy hábil para ganarse amigos en este mundo haciendo mal uso de los bienes que administraba. Jesús se vale de este ejemplo para invitarnos a tener la habilidad para ganarnos la vida eterna. Para esto simplemente hay que ser fiel en las cosas pequeñas y no ser esclavos y siervos del dinero con actitud egoísta y avara.

Jesús no avala el comportamiento malsano de ese administrador, pero sí la astucia y la agudeza para asegurar su futuro al quedar despedido de su trabajo.

Por esto Jesús enseña también que los hijos de las tinieblas son más astutos y sagaces que los hijos de la luz. Jesús nos dice: “Con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos (los pobres y desamparados) que cuando ustedes mueran los reciban en el cielo”. Y como síntesis de estas enseñanzas afirma tajantemente: “No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará al segundo. En resumen, NO PUEDEN USTEDES SERVIR A DIOS Y AL DINERO”.

Conclusión

Que las enseñanzas que el Señor Jesús nos hace llegar en esta nuestra celebración eucarística dominical y siempre, nos hagan ser desprendidos de los bienes de este mundo y al mismo tiempo nos dispongan a cumplir su santa voluntad haciéndonos más solidarios de los bienes que tengamos con nuestros hermanos, especialmente con los que más lo necesitan, ojalá que así sea!

Obispo Emérito de Zacatecas*

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