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¿Y su cubrebocas?

¿Y su cubrebocas?

Raúl Muñoz del Cojo

   |  25 julio, 2020

Raúl Muñoz del Cojo.

Orgullosamente le comento que mi vida laboral en la industria de la hospitalidad data de hace más de 28 años, pero tal vez y muy independiente a la experiencia en el ramo, es más importante comentarle que una gran parte de mi infancia y juventud transcurrió en el Motel La Fortuna de Fresnillo, Zacatecas.

En este mágico lugar corrí, nadé, disfruté de la bicicleta, conviví con mis amigos, patiné y viví un millar de experiencias más. Allí me topé con mi verdadera vocación, en este lugar descubrí que mi vida debería ser dedicada a la hotelería, aquí aprendí a trabajar y a valorar a mi familia y, gracias a esto le puedo dar un valor agregado a mi carrera gracias a que soy hotelero de tercera generación.

Tuve la fortuna de ser alumno de la escuela de mi padre, donde la pasión y amor a la hotelería superaron al mejor grado académico, me tocó ser testigo de muchas situaciones que se solucionaron gracias a su capacidad moral y de improvisación. Si le comentara gran parte de mis anécdotas vividas en este lugar, le aseguro necesitaríamos mucho más espacio que el que esta columna me brinda.

Mi padre habló siempre de las temporadas de vacas gordas y flacas, donde había que trabajar de igual manera para lograr nuestros objetivos. Gracias al trabajo de mi papá en la hotelería pude tener estudios y vocación para esta profesión.

Le puedo contar también las malas: donde destacan la funesta época de inseguridad que vivimos en el 2009 y que gracias a esta casi cerramos; también el vivir la influenza ayudó a forjar el carácter y aprender a luchar contra la adversidad.

Actualmente, lo aprendido y vivido no ha sido suficiente para evitar el nerviosismo que me causa hablar con nuestros colaboradores y proveedores por la situación vivida en estos días. Es de terror ver por lo que pasan los hoteles en el mundo, la poca gente que viaja y las limitaciones a las que nos tenemos que afrontar por los protocolos sanitarios.

He visto sobrevivir a destinos turísticos de huracanes, crisis financieras, terremotos, atentados y otras cosas más, pero esta crisis sanitaria va mucho más allá de lo creíble e imaginable. Lo peor del caso es que llevamos ya más de 3 meses y no se ve aún la luz al final del túnel. Tristemente y por esta razón la hotelería al momento es de los sectores más golpeados.

En columnas anteriores le he mencionado las pérdidas en llegadas de turistas y recepción de divisas por la pandemia, pero si logramos ver más allá, solo tendremos frente a nosotros el mismo y desolador panorama donde los espectáculos, carreras, teatros, eventos deportivos y parques de diversiones tampoco saben a la fecha cuándo regresarán y lo más seguro es que sea hasta el 2021.

La industria turística para nuestro estado le da trabajo a más de 4 mil familias ¿se ha puesto a pensar por qué tanta gente vive de esto? En los hoteles y para que entienda mejor este ejercicio, le informo que recibimos de visita a gente que viene a bodas, convenciones, congresos, trabajo y placer. Todas estas actividades le dan sustento indirectamente a floristas, organizadores de eventos, músicos, meseros, cocineros, montadores, dj´s, lavanderías, salones de belleza, fotógrafos, guías de turistas, transportistas y cientos de trabajos más entre otras profesiones.

Es demasiado ver que los que sobrevivimos tenemos que hacerlo gracias al financiamiento de nuestros proveedores, los cuales se encuentran en las mismas condiciones que nosotros. Es muy complicado entender que la poca gente que viaja a nuestro estado no se quiere quedar más porque les falta qué hacer, es funesto ver limitados los horarios de restaurantes y ciertos atractivos por precaución y salud de nuestros huéspedes, pero tristemente así son las reglas.

Es de dar vergüenza la poca solidaridad social que tenemos, ya que queremos seguir juntándonos y vivir como si nada pasara. Es terrible ver la irresponsabilidad de los jóvenes minimizando cualquier situación e ignorando las medidas y protocolos de salud. Por si fuera poco, le comento que aparte de todo, la gente se molesta porque se le pide el uso del cubrebocas.

Esta situación nos tiene a todos al borde del colapso y aunque no lo crea tiene remedio. Por lo pronto, todos los que trabajamos en un negocio establecido y turístico, fomentamos el trabajo con todos los protocolos de seguridad pero ¿por qué si sabe que hay que usar cubrebocas no lo usa? ¿por qué se molesta al pedirle que se lo ponga?

La conciencia ciudadana debe de ir más allá de todo, por esto y espero que después de lo explicado anteriormente, si una persona de cualquier establecimiento le pide el uso del cubrebocas, por favor coopere, ya que con esto le aseguro iremos un paso adelante en el cuidado de todos. Ayúdenos y no reniegue, póngase el cubrebocas ya que el uso de este puede ser la mejor opción para la conservación de nuestros empleos.

Hasta la próxima.

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