|  

Ven a renovar la faz de esta tierra

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Sigifredo Noriega Barceló.

Renovar la faz de la tierra -con todo lo que sueñan, anhelan y viven sus habitantes pospandémicos- puede ser una grata realidad si aprovechamos las gracias y requerimientos de Pentecostés.

Cada año nos encuentra con/en situaciones nuevas que necesitan de una buena sacudida para que brille la luz de la verdad y nuestra capacidad de amar no se acobarde, ni se apague. Pentecostés puede llegar a ser una permanente primavera de renovación para la Iglesia y sus bautizados.

Pero… el Espíritu Santo no actúa en automático, ni con un pragmático touch, mucho menos a control remoto, o atiende caprichos.

La faz de la tierra de nuestra tierra tiene varias tonalidades de gris. Distinguirlas, buscar las causas, tomar decisiones, compartir responsabilidades… exige grandes dosis de discernimiento espiritual, moral y ético. Fácilmente nos acostumbramos a vivir sin interioridad, sin raíces y sin metas; las grandes cuestiones de la existencia quedan acalladas. Nos hemos hecho escépticos, desconfiados, inseguros, contradictorios. Queremos ser libres e independientes pero nos sentimos cada vez más solos y adictos, sin verdad y sin paz. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear relaciones sólidas y contactos vivos. El

Espíritu necesita encontrar apertura de nuestra parte para renovar aspiraciones, relaciones, propósitos, compromisos.
Vivimos Pentecostés 2021 en un proceso electoral crucial. Tomaremos decisiones que exigen un profundo discernimiento en la verdad, con visión de presente-futuro. El ambiente electoral aparece plagado de incertidumbres; corremos el riesgo de tomar decisiones basados solamente en reacciones e intereses. Parece que el desencanto gana espacios vitales de la sociedad.

Campañas que le apuestan a la mentira, al encono, a la exhibición de inmoralidades, al desencuentro… no ayudan a vislumbrar un futuro decente, digno, alejado de la corrupción. El Espíritu necesita de corazones humildes y abiertos para sanear la faz y el espíritu de esta tierra.

Pentecostés es el acontecimiento de la vida por excelencia, de la exuberancia del amor, de las enormes oportunidades de la nueva creación. La vida nueva que anuncia el acontecimiento que celebramos es descrita como fuego, aliento, soplo, viento, fuerza. Es la verdad plena al alcance de todos. Pero necesita  de hombres y mujeres que madruguen, de la velocidad de Juan, del frágil y humilde Pedro, de discípulos que se dejen capacitar por el Espíritu. El Pentecostés 2021 necesita de testigos creíbles, alegres, audaces.

Uno de los grandes milagros de Pentecostés es la comunicación entre personas diferentes y dispersas. El Espíritu llena del fuego del amor a los discípulos para que construyan comunidad, le apuesten a la reconciliación, hagan de cada prójimo un hermano, tejan lazos de solidaridad, generen responsabilidades compartidas… Todo en la verdad del amor compasivo,  constructor de esperanza y de paz.

La faz de esta tierra no puede renovarse sin el ánimo y la luz que proporciona el Espíritu Santo, señor y dador de vida.  ¿Habrá Pentecostés 2021 en nuestra tierra, en sus entornos y coyunturas?
Ven Espíritu Santo, llénanos de tus dones… Especialmente del don de discernimiento y el de la caridad del bien común.

Don`t copy text!